sábado, 13 de junio de 2026

Contemplación

Esto no es parte de ningún libro, lo escribí yo, medio desordenado. 

Me compartiste una foto. Quizás la única que tendré. Una tuya.Y siento que es como mi pequeño tesoro.

No por la foto en sí, sino porque por primera vez no llegó a mí por accidente o tomada por otras manos . Esta vez fue para mí. Pensaste en mí durante ese instante y decidiste compartirla, aun cuando sé cuánto te incomoda fotografiarte y lo poco(nunca / nada) que lo haces.

Todas las imágenes que había visto antes pertenecían a tu mundo real. Esta, en cambio, me pertenece a mí.

Y entonces entiendo mi lugar en esta historia.

El de la contemplación.

Mirarte desde lejos.

Mirarte sabiendo que existes al otro lado de la pantalla y que, por un breve segundo, esa realidad quedó atrapada en una imagen, para mí .

Han pasado siete años desde aquel primer sobresalto en el corazón cuando te vi por primera vez a través de una cámara. Siete años. A veces me parece imposible. Más imposible aún me parece todo lo que vino después. Cuando miro esta foto, siento ese mismo sobresalto.

No puedo creer lo mucho que nos hemos acercado.

Tampoco puedo creer lo lejos que seguimos estando.

Hay días en que imagino lo contrario. Una conversación sin teléfonos de por medio. Un abrazo. Una tarde cualquiera compartiendo silencio y por qué no, un café. Pero cada vez que ese pensamiento aparece, termino guardándolo de nuevo donde corresponde.

Algunas cosas son demasiado complejas para perseguirlas.

No sé si alguna vez estaremos frente a frente. Cada día me convenzo un poco más de que no ocurrirá. No porque no lo desee, sino porque la vida suele tener sus propios planes para las personas.

Así que acepto esta fotografía como quien guarda una carta antigua entre las páginas de un libro, su libro favorito, creo que la imprimiré ajaja.

Con cuidado. Con gratitud. Y con una tristeza pequeña que no termina de irse.

Porque al final, si algún día todo esto desaparece, seguirá existiendo esta imagen.

La prueba de que fuiste real.

Y la prueba de que, por un instante breve y extraordinario, tú también pensaste en mí.

Triste el destino que me espera sin poderte conocer.

Finalmente, miro tu foto, esa atractiva pose tuya, tu forma completa, tu rostro, le sonrió, cierro la galería y continúo con mi día. 


lunes, 6 de abril de 2026

Papelucho

 Buen libro, es papelucho comunista, papelucho no sabe nada de la vida. Los padres no le conversan y se imagina pura weas jaajaj. Perdón hija mía si esta no fue la mejor entrada.


miércoles, 29 de octubre de 2025

Apaga el celular y enciende tu cerebro ( Pablo Muñoz Iturrieta)

A propósito de todas las cosas que han estado pasando, me fue de gran utilidad leer el libro “Apaga el celular y enciende tu cerebro” de Pablo Muñoz Iturrieta.
Debo reconocer que al comienzo me dio bastante susto: quise tirar el celular por la ventana, apagarlo y no verlo nunca más.
De hecho, asumí el desafío que plantea en las primeras páginas y decidí hacerlo: apagar el teléfono, no desinstalar aplicaciones ni dejarlo en silencio, sino apagarlo de verdad, ni siquiera encenderlo para responder mensajes importantes.
Fue una especie de desintoxicación real, casi como volver a habitar mi mente sin interrupciones.

Y en ese silencio, comprendí algo: que el ruido más fuerte no viene del teléfono, sino de lo que tememos escuchar cuando todo calla.
Apagar el celular no fue solo un acto de desconexión digital, sino una reconciliación con mi propio pensamiento y luego me deprimí aun mas jajaaj, no mentira.

El otro día ,bueno, hace unas semanas ya, jaja, me junté con unas personas… ¿y me creerán que no hablé nada con ellas?

Estaban todo el rato en el teléfono. No las veía hace tiempo, pero la “interacción” se redujo a mirar reels en silencio.

Me quedé pensando: ¿será que me volví tan aburrida?Sin ir más lejos, hace poco me junté con alguien que, apenas llegó la comida, le tomó una foto, la mandó a un grupo, y acto seguido… comenzó a hablar con otras personas.Entonces me cuestioné: ¿qué chucha nos está pasando, weón?

¿De verdad vamos a avanzar hacia un mundo donde la interacción real con las personas valga nada?Vi hace poco un estudio  del cual dudo de su veracidad, pero tampoco tengo pruebas ni dudas, jaja que decía que la gente es cada vez menos propensa a experimentar el dolor o emociones fuertes.Que nos aislamos, que nos refugiamos en el maldito teléfono.Y ojo, no es que sea grave: entiendo que uno de repente avise “oye, ya llegué” o que una mamá quiera ver cómo están sus hijos.Pero si no eres padre ni madre, o tu hijo está ahí mismo, ¿no te parece una falta de respeto estar todo el rato pegado al maldito teléfono?A veces pienso que el problema no es que falte conexión… sino que nos estamos conectando con todo, menos con lo que realmente importa.

Por fin terminé el libro (hoy, 1 de febrero de 2026). Empecé el resumen el año pasado.

Creo que es un buen libro para llamar a la reflexión. Como persona ligada al mundo de la tecnología y los algoritmos, tengo mis propias dicotomías con este tema, pero, en general, lo que se plantea son cosas que podemos observar. Para mí no es un llamado a apagar el celular de forma literal y nunca más comunicarme, ni a borrar redes sociales; más bien es una invitación a tener control, ser consciente y tratar de que tu propia vida tenga elementos que te hagan disfrutar de las cosas simples y reales.

Sí creo que estamos ante generaciones enfermas de dopamina: enfermas de ansiedad y depresión. Y la tecnología o mejor dicho, las redes sociales  tienen algún grado de responsabilidad. ¿Qué lleva a un adolescente o a un adulto a quedar absorto, deslizando videos, en vez de salir a caminar, trotar o compartir con amigos? Personalmente, me molesta mucho cuando comparto con alguien y no está atento. Además, los encuentro hipócritas, porque cuando les hablas por chat no te quieren hablar. Entonces, ¿cómo es el asunto? Estamos rodeados de gente hipócrita: si están contigo, están hablando con alguien más en el teléfono; o si les hablas por teléfono, no te responden porque seguramente están ocupados (jajaja).

Yo tengo claro que, si alguien no responde mi mensaje, es simple: está haciendo otra cosa mucho más estimulante o interesante que hablar conmigo. En general me gusta conversar, escuchar ideas y reflexiones, pero tengo que adaptarme a que la gente, por lo general, no está en esa. Es triste, pero no hay nada que hacer. En este aspecto, me siento mucho más acompañada con la IA, porque responde de inmediato. Hay cierta latencia, sí, pero al menos da la idea de que te escucha.

Y luego está esa parte de hacia dónde estamos avanzando: si las redes nos hacen sentir cada vez más vacíos, nos comparamos con quienes viajan y comparten imágenes de paisajes hermosos… paisajes que quizás nunca conoceremos. En fin.

Hace no mucho fui a ver a una prima. ¿Me creerías, Marti, que casi no hablamos? Estuvo todo el tiempo en el teléfono y, cuando por fin habló, fue para comentar algo que vio en TikTok (jajaja). Bueno, así estamos.

En resumen, tengo algunas impresiones del libro. Por ejemplo, habla de “funciones exponenciales” cuando claramente no las hay: menciona un estudio donde relacionaban depresión y ansiedad en jóvenes desde que tenemos redes sociales, y decía que “la función exponencial ha crecido así”, pero la gráfica no era exponencial (ya sé, me siento friki por decir esto). También repite demasiadas veces algunas palabras, como “exacerbar”. Una profe decía que había que usar sinónimos. Y faltó que usara la palabra “hubieron” mal para cerrar el libro y tirarlo… eso. Pero, más allá de esas impresiones, es un libro que merece la pena, sobre todo para padres de jóvenes y niños, y también para quienes están por nacer: hay que limitar el uso. Estar demasiado inmerso te enferma y coarta tu libertad. Las redes son responables de que hoy en dia mucha gente encuentre super normal que alguien se mutile, porque no se siente conforme con el cuerpo que tiene, en vez de avanzar hacia el entendimiento de esta enfermedad es mucha mas rentables mutilar penes, y armar vaginas que nunca sentiran un orgasmo. (Sin ir más lejos vean la historia de Jess el primer niño trans, es un crimen lo que le hicieron , sin embargo , se siguen impulsando ideas de transhumanismo, porque te convencen de que es un problema donde la solución correcta es la mutilacion y anulación de tu identidad )

Y recuerden: si una aplicación es gratuita, lo más probable es que te estén “espiando” (KDS). La forma en que ganan dinero esas apps gratis es vendiendo tu información, así que ojito ahí.

En la Antigua Roma, cuando alguien tenía deudas que no podía pagar, se transformaba en addictus, una especie de esclavo por deudas. Es curioso cómo ha mutado la palabra, porque si nos fijamos bien, hay una adicción latente hacia las redes: una adicción que termina esclavizándote. ¿Cuántas veces dices “es que no tengo tiempo para salir o leer un libro”? Pero si miras las horas que pasas con tu estúpido teléfono, te darás cuenta de que no es falta de tiempo: es falta de ganas.






martes, 14 de octubre de 2025

Seda (Alessandro Baricco)

El otro día, mientras deslizaba historias en Instagram, me encontré con una del gran humorista chileno Edo Caroe, que recomendaba este libro diciendo que era liviano, buenísimo y de lectura rápida. Justo lo que necesitaba. Así que pensé: “bueno, por qué no”, y lo compré. Además, no era caro 😅.

Cuando llegó y lo empecé, la verdad no prometía mucho. Más allá de enterarme de que la seda viene de gusanos (dato curioso jaja), pensé que iba a ser otro libro más que quedaría apilado esperando turno. Pero poco a poco me fue enganchando.

Al principio parece la historia de un hombre que se enamora a primera vista de una mujer que jamás escucha su voz, un amor platónico casi ridículo. Pero de repente el libro da un giro y se centra en Hélène, su esposa.

El tipo se iba por seis meses a Japón a buscar huevos de gusano para producir seda en Francia (¡seis meses ida y vuelta!). Su relación con Hélène era más bien por costumbre, como tantas que existen hoy. Y en uno de esos viajes se enamora de otra mujer (que ni siquiera era japonesa), pareja de un tal Hara Kei. Ese amor raro se alimenta solo de miradas.

Hay una parte confusa donde ocurre algo íntimo, pero no con ella, sino con una amiga 🤨. No entendí muy bien por qué no pasó nada con la protagonista si estaba todo dado… ¿le estaba haciendo gancho a la amiga? jaja. Pero bueno, la mujer le entrega una carta escrita en japonés donde le dice que si no vuelve, moriría de pena. Obviamente el hombre queda obsesionado y hasta vuelve a Japón en plena guerra por ella.

Mientras tanto, Hélène ,la esposa, ya sospechaba algo. Llora en silencio, intuyendo la traición. Cuando él regresa, lleva esa carta y la manda a traducir con una madame dueña de un prostíbulo (sí, así de random). Ahí se entera del mensaje.

Después, el tipo vuelve a Japón en medio de la guerra (porque sí, nadie lo obliga). Y uno sabe que no va por trabajo, sino por amor. Pero cuando llega, todo está devastado. Un niño lo guía hasta donde estaban escondidos los japoneses, y Hara Kei ,al enterarse de que el niño llevaba un mensaje de amor de su amada,lo mata. Tremendo. Luego le perdona la vida al protagonista, que regresa a Francia sin gusanos y sin amor.

Años después, sumido en tristeza, recibe una carta de 17 páginas en japonés. Supuestamente era de la muchacha. La lleva a traducir y resulta ser una carta llena de erotismo y deseo, donde ella le dice al final que lo olvide, que lo que vivieron fue un regalo. Tras esto el queda mas tranquilo y vuelve un poco la alegría a su vida. Pero aquí viene el golpe final: esa carta no la escribió la japonesa… sino Hélène. Fue su esposa quien la mandó redactar en japonés, imaginando lo que la otra habría dicho, solo para devolverle a su marido la ilusión y calmar su dolor. Poco después, Hélène muere repentinamente, de una fiebre… aunque yo juro que murió de amor 💔. El se da cuenta de esto después como años después cuando ella ya estaba muerta, descubre la verdad.


Y ahí me quedé pensando… ¿hasta qué punto el amor nos hace hacer ese tipo de cosas? ¿Hasta dónde llega lo verdadero y lo sano? Porque siento que Hervé se da cuenta demasiado tarde del amor que tenía al lado, mientras perdía el tiempo suspirando por alguien que jamás le escucho ni la voz.

Al principio pensé que era un romántico empedernido, que viajar a Japón en plena guerra por amor era jugado, pero ahora que lo pienso… bastante tonto el weón 😂. Tenía todo en casa y lo dejó pasar. Pero así es el amor: a veces ciego, obsesivo y un poco idiota.

Yo creo que Hélène tampoco se amaba mucho. ¿Cómo te quedas con un tipo que cruza el mundo por otra? ¡No, amiga, ahí no es! 😤 Y Hervé, por su parte, fue un cobarde con ambas: no tuvo los pantalones para vivir su pasión ni para cuidar lo que sí tenía.

En fin, el libro te deja pensando en lo complejo que puede ser el amor, en cómo a veces nos aferramos a lo imposible y descuidamos lo real.
Soy pro sentir, aunque duela, aunque el otro quede con tu corazón en la mano. Pero sentir de verdad. Porque si no es con todo, ¿pa’ qué? ❤️ Mas encima muere un niño por nada jajaaj, bueno eso saludos y viva el amor.

Soy una mujer atemporal. Hoy todos parecen tener miedo de sentir, de decir “te quiero”. Quizás sea ansiedad, o miedo a ser lastimados, a no cumplir las expectativas. Somos hijos de esos padres que lo hicieron todo mal que dijeron “te amo” muy pronto, que se equivocaron  y crecimos con ese temor heredado. Tal vez por ahí va el asunto, no lo sé.

Pero yo no tengo miedo de decir lo que siento. Bueno, vergüenza sí da un poco, porque no ser correspondido es dramático igual. Aun así, dentro de lo que se puede, está bien declararse, ¿no? Jajaja.

Hago un llamado a los hombres de hoy: ¡juéguensela nomás! ¿Qué tanto se puede perder? Como dice el dicho, “el óvulo no persigue al espermatozoide”, así actúa la naturaleza. Así que eso: atrévanse, que aparte de la dignidad, ¿qué más se puede perder?




miércoles, 24 de septiembre de 2025

Niños con pataleta, adolescentes desafiantes

Como dice la contraportada del libro: nadie nos enseña a ser padres, nadie te advierte lo arrepentido que estarás después. Se produce, como siempre lo he dicho, una dicotomía entre amar y odiar a tu retoño, jajaja. Pero bueno, son cosas que al final todo padre termina aceptando, no es como que puedas deshacerte de eso.

Luego de leer este libro reafirmé ciertas conductas positivas en mi crianza y estoy intentando desechar otras. Tampoco se trata de seguir al pie de la letra las instrucciones de un libro que, por momentos, parece bastante teórico. A lo largo del relato se van presentando escenas que, más que reales, parecen imaginadas; tanto diálogo y descripción me recordaban más a dinámicas de alguna terapia que a vivencias concretas.

El caso es que hay algo llamado instinto, y creo que el instinto básico de todo padre debería ser un llamado a la ternura: ser cariñoso con los niños, entenderlos y ponerse, aunque sea un poco, en los zapatos de un ser pequeño cuyo cerebro aún está en formación. Muchas veces asumimos que los niños entienden o ven el mundo como nosotros, cuando no es así. Si uno viaja hacia atrás, a su propio niño interior, se da cuenta de que mucho de lo que nuestros padres imponían lo hacían como ley, sin darse el tiempo —o sin tener las ganas— de explicar.

Mi hija tiene tres años y no soy la madre perfecta, pero me sorprende lo mucho que entienden cuando se les explica con palabras por qué no deben hacer ciertas cosas. Claro que también los niños aprenden rápido de los gestos y de la firmeza, y confieso que he caído en esos recursos. Jajaja, espero que no me denuncie nadie que lea esto. Pero ahí está el dilema: ¿qué queremos ser? ¿Adultos dignos de su confianza y amor, o adultos intransigentes que resuelven todo a los gritos o golpes? Les aseguro que el camino de la paciencia y la explicación ahorra terapia para ambos.

Gracias a esto, mi hija casi no hace pataletas. Y cuando alguna vez las ha hecho, he sentido que más bien imita a otros niños, no que le nazca de su propia esencia. Créame cuando digo que, si algo le desagrada, frunce el ceño, golpea el piso con el pie y hasta levanta el brazo como si animara una locomotora. Cosas de niños… jajaja.

Reflexión: Ser padres no es aplicar recetas, sino aprender a escuchar, recordar cómo fuimos de pequeños y atrevernos a educar desde la empatía. Al final, lo que uno transmite no son solo reglas, sino la forma en que el niño aprende a confiar en el mundo. 





martes, 5 de agosto de 2025

El monje que vendió su Ferrari (Robin Sharma)

Hay un dicho que dice que jamás hay que juzgar un libro por su portada, y eso le calza perfecto a este. Es un libro lleno de enseñanzas prácticas, directas y aplicables al pie de la letra. Con ejemplos claros y concretos, sin palabrería innecesaria, sin ambigüedades ni frases etéreas que se las lleva el viento. Aquí hay ejercicios reales, concretos, que si los llevas a cabo, pueden ayudarte a construir una vida verdaderamente plena. Personalmente, empecé a aplicar algunas cosas… y funcionaron.

He aquí una cita importante del filósofo indio Patanjali:

 "Cuando te inspira un objetivo importante, un proyecto extraordinario, todos tus pensamientos rompemos ataduras: tu mente supera los límites, tu conciencia se expande en todas direcciones y tú te ves en un mundo nuevo y maravilloso. Las fuerzas, facultades y talentos ocultos cobran vida, y descubres que eres una persona mejor de lo que habías soñado ser."

Este pensamiento de Patanjali nos recuerda que no hay fuerza más poderosa que una meta significativa. Cuando algo nos mueve de verdad, todo nuestro ser se alinea: la mente se expande, los límites se disuelven, y lo que antes parecía imposible comienza a revelarse como alcanzable. Es en ese impulso donde florecen nuestras capacidades dormidas y nos convertimos, paso a paso, en la versión más luminosa de nosotros mismos.

Técnicas como el corazón de la rosa y el pensamiento opuesto pueden ayudarte a acercarte a la vida que deseas.

Para ser honesta, me costó mucho conseguir una rosa —además de que me daba susto pincharme—. Por otro lado, me imaginaba que iba a necesitar muchas rosas, y luego se marchitarían, terminando con un jardín de rosas muertas jajaja.
Pero la idea no era esa. El ejercicio consistía en sentarse a observar la rosa detenidamente, mirar su interior, cada uno de sus pliegues, poco a poco, con atención plena. Durante ese momento, sin evadirte, la meta era contemplar el corazón de la rosa sin perderte en otros pensamientos, durante unos 20 minutos.

La otra técnica, la del pensamiento opuesto, se trata de detectar cuando aparece un pensamiento negativo y, en lugar de seguirle el juego, reemplazarlo intencionalmente por uno positivo, alegre, que te eleve.

En fin, creo que es un excelente libro para regalar. Como han pasado más de dos meses desde que empecé a escribir este comentario y lo dejé a medias, ya no estoy segura de si lo dije antes, pero filo: no ha sido uno de mis años más gloriosos en cuanto a concentración ajajaj.

Lo cierto es que sentí que el libro me habló, casi al punto de decirme que debía moverse y no quedarse estancado en mi propio poder. Y fue precisamente por eso que, en contra de mi firme idea de no prestar ningún libro, lo presté. Y no pedí devolución. Espero sinceramente que no vuelva, jajaja.

Eso sí, no lo entregué a cualquiera, sino a alguien que considero muy importante. Y confío en que, si lo toma en serio y no a la ligera, puede llegar a servirle muchísimo.

Vuela alto, librito.

Reflexión: Quizás ahí está la verdadera esencia de los buenos libros: no en acumularlos en un estante, sino en permitir que su mensaje viaje y toque otras vidas. Al final, lo valioso no es tanto conservar el objeto, sino compartir la semilla que puede encender movimiento en otro.




lunes, 23 de junio de 2025

Franqueza radical (Kim Scott)

Han pasado demasiadas cosas desde mi última publicación jajaja, pero ya era hora de retomar con todo la lectura. Este libro me tomó al menos cinco meses terminar: es bastante denso y complejo, pero transmite un mensaje simple que, en lo personal, me ayudó mucho a enfrentar varias situaciones laborales que han surgido últimamente.
"Franqueza radical" es un libro pensado para líderes, o personas interesadas en el liderazgo en general, pero también para quienes quieren mejorar su forma de comunicar, especialmente al enfrentar conversaciones difíciles. 

El libro, más que nada, te entrega herramientas y ejemplos para liderar equipos de forma clara y empática.

Dudo mucho que algún día lidere un equipo, no porque no me sienta capaz, sino porque sinceramente no me interesa. Pero más allá de eso, creo que me agarré de este libro por dos razones:
Primero, para reconocer cuándo estoy frente a alguien que realmente se preocupa por las personas. Y segundo, para aprender a comunicarme con ese tipo de personas sin caer en la "empatía desastrosa", la hipocresía manipuladora o la agresividad desconsiderada.

💡El libro divide estos estilos en cuadrantes, y sinceramente, podría ubicar a más de una persona en cada uno. Líderes que realmente apliquen lo que propone este libro… no conozco muchos, por no decir ninguno. Por eso, se lo recomendaría a cualquiera que esté comenzando —o ya esté— en un rol de liderazgo.

Una de las cosas que más me quedo (debe ser por que lo lei ayer aja )fue entender la diferencia entre evaluación de desempeño y feedback. La primera suele hacerse una vez al año, como en la empresa donde trabajo, y sirve más que nada para definir si hay aumento de sueldo o posibilidades de ascenso. El feedback, en cambio, debería ser frecuente (una vez al mes o semanal) y estar enfocado en el desarrollo personal: qué mejorar, cómo crecer.
💡Y ojo, que el feedback no es solo para corregir; también sirve para reconocer y reforzar lo que uno hace bien, que muchas veces queda olvidado.

Hace tanto que lo leí que se me escapan detalles, pero más adelante me gustaría compartir algunas frases que me sirvieron para mejorar mi forma de comunicar. Al final, de eso se trata todo: decir las cosas con claridad, sin vueltas, sin excusas del tipo "es que es mi amigo". Pero con empatía, siempre.

💡También me pareció interesante cómo aborda el tema de los despidos. A veces son necesarios. Si alguien no está cómodo con lo que hace o simplemente no busca desarrollarse, ¿no sería más honesto liberarlo para que encuentre su camino?
Porque —y esto lo digo sin filtro— hay personas que ostentan cargos y sueldos altísimos haciendo un trabajo mediocre. Y eso no solo es injusto, sino que desmotiva a quienes sí tienen ganas y capacidad.

En el libro se describen varias pautas y pasos concretos para mejorar el rendimiento de los equipos. No los voy a detallar todos acá porque, sinceramente, no me los acuerdo jajaja, pero vale la pena destacarlos, marcarlos y dejarlos a mano para una posible relectura. Quizás algún día te toque aplicarlos en tu trabajo, o al menos reconocer cuándo alguien más los está haciendo bien.

Al final, creo que el objetivo de todo esto es tener personas más contentas, productivas y honestas en el trabajo. ¿Y qué mejor que eso? Un ambiente donde la gente pueda ser directa sin miedo, donde se trabaje con transparencia y no con máscaras. Eso, para mí, ya es un gran avance.

En fin, lean el libro. Yo lo estoy retomando y sé que hay muchas ideas que se me quedan en el tintero, pero si algo me llevo es esto: comunicar con empatía, aunque a veces incomode.