Los niños terribles, de Jean Cocteau: crecer sin abandonar la infancia
Una historia de amores silenciosos, juegos crueles y un mundo imaginario donde la realidad parece no tener permiso para entrar.
Advertencia: este texto contiene spoilers, incluido el desenlace.
1. Por qué llegué a este libro
Hay libros a los que llegamos por recomendación, por azar o porque alguien nos habla de ellos. En mi caso, Los niños terribles, de Jean Cocteau, llegó a mí gracias a Babasónicos.
El nombre de Dargelos, personaje de la novela y origen asociado al seudónimo artístico de Adrián Dárgelos, cantante de la banda, despertó mi curiosidad. Quise investigar de dónde provenía y así encontré este libro. Me llamó la atención descubrir que Dargelos también formaba parte de la historia y que, a juzgar por las primeras referencias, parecía representar algo más que un muchacho cualquiera: una figura hermosa, perturbadora y vinculada con la fascinación.
Mi impresión inicial fue que podía tratarse de un personaje relacionado con el placer, la belleza o alguna forma de idealización de la vida. No sabía si esa intuición tenía fundamento, así que decidí leer para descubrirlo. Llegué buscando a Dargelos y terminé encontrándome con una historia mucho más compleja.
Esta edición, a cargo de José Ignacio Velásquez, tiene una particularidad: la novela comienza en la página 71, precedida por una extensa introducción sobre la vida y la obra del autor. Decidí saltármela para entrar directamente en la historia y conocer a los personajes sin dejarme influir por explicaciones biográficas o críticas.
Al terminar, opté por no incorporar esa introducción al análisis. Me pareció interesante, pero preferí centrarme en la obra y en mi experiencia de lectura, sin explicar necesariamente cada elemento a partir de la vida de Cocteau.
Lo que comenzó como una búsqueda de Dargelos terminó convirtiéndose en una lectura sobre el amor, la infancia, la crueldad, la soledad y la dificultad de crecer sin perder algo de quienes fuimos.
2. Dargelos: una fascinación que comienza en la nieve
La historia comienza con Paul, un muchacho que siente una fascinación profunda por Dargelos, un compañero de colegio. Durante un enfrentamiento con nieve, varios estudiantes resultan heridos y Dargelos termina siendo expulsado. Paul también cae durante la pelea y es rescatado por Gerard, otro joven enamorado de él.
Desde el comienzo, los sentimientos no coinciden: Paul ama a Dargelos, mientras Gerard ama a Paul. Se establece así una trama de afectos silenciosos, en la que querer a alguien no significa necesariamente poder acercarse a esa persona.
Lo primero que me llamó la atención fue el contraste entre la belleza de Dargelos y su comportamiento. Para Paul parece una figura casi angelical, pero sus acciones son provocadoras y violentas. Esa diferencia me hizo pensar que Paul ama tanto al muchacho como a la imagen que se ha formado de él.
Su sentimiento se presenta como un amor casto, un deseo sin sexo y difícil de definir. Yo lo interpreté como una forma de adoración distante, en la que la ausencia contribuye a mantener intacta la fascinación. Dargelos no necesita estar presente para dominar la imaginación de Paul: basta con que exista como una figura inalcanzable.
Esta idea me recordó una ilustración de la edición que muestra a dos jóvenes, uno mirando al otro con aparente admiración. También aparece una fotografía de Jean Cocteau de niño junto a otro muchacho. No pretendo establecer una relación definitiva entre esas imágenes y la historia, pero me resultó sugerente encontrar esa mirada de fascinación mientras leía sobre Paul y Dargelos.
Dargelos fue el motivo por el que llegué al libro, pero pronto se convirtió en una pregunta: ¿qué ocurre cuando alguien adquiere una importancia enorme en nuestra vida sin que exista necesariamente una relación correspondida?
3. Elizabeth y Paul: travesuras, crueldad y complicidad
Paul vive con su hermana Elizabeth y su madre, que está gravemente enferma. Elizabeth asume responsabilidades familiares y se ocupa de cuidar de ambas personas. Sin embargo, su relación con Paul está llena de discusiones, burlas y provocaciones. Se conocen demasiado bien y parecen saber exactamente dónde herir al otro.
También me llamó la atención la manera en que Elizabeth trata a Gerard cuando él lleva a Paul a casa después del enfrentamiento. Le habla de usted y utiliza expresiones ceremoniosas. Me pregunté si esa formalidad se debía a la época, a las convenciones sociales francesas o al estilo particular de Cocteau. No tengo elementos suficientes para afirmarlo, pero fue un detalle que despertó mi curiosidad.
Tras la muerte de su madre, los hermanos atraviesan cambios importantes. Elizabeth empieza a buscar trabajo y a construir una vida fuera del hogar, pero durante una estancia en el hotel del tío de Gerard ambos recuperan algo de su antiguo mundo infantil.
Se dedican a observar a otros huéspedes, hacerles muecas, asustar a los niños y fingir inocencia. También planean robos absurdos: objetos que no necesitan y que ni siquiera parecen desear. El objetivo no parece ser conseguir algo útil, sino experimentar la transgresión.
Esta parte me llevó a recordar una experiencia de mi propia infancia. Una vez, junto a unos compañeros de básica, robamos un chocolate. El guardia descubrió a uno de mis amigos, le pidió que lo devolviera y finalmente nos echaron del supermercado. No hubo mayores consecuencias, pero recuerdo perfectamente la angustia de ser descubiertos. Nunca más volví a hacerlo.
También recordé una ocasión en que fui con mi papá al supermercado y, después de pagar las compras, descubrí que llevaba un jabón en el bolsillo trasero que no habíamos pagado. En ese caso, lo interpreté como un olvido, no como una intención deliberada de robar.
Ambos recuerdos me hicieron pensar en la relación que los niños establecen con lo prohibido. Creo que, en ocasiones, la tentación no consiste en obtener algo que necesitan, sino en desafiar la autoridad, experimentar el peligro y sentir la adrenalina de hacer algo indebido.
Las travesuras de Elizabeth y Paul me produjeron esa impresión. No parecen responder a una necesidad material, sino al placer de desafiar las reglas y construir un pequeño mundo donde ellos deciden qué está permitido.
También pensé en Elizabeth, que ha tenido que comportarse como una adulta desde muy joven. Mi interpretación es que, junto a Paul, encuentra una oportunidad para recuperar algo de la infancia que dejó atrás. Esto hace que el título comience a cobrar sentido: los hermanos son terribles por sus travesuras y pequeñas crueldades, pero también por la intensidad con que viven sus juegos y afectos.
4. Crecer sin abandonar la infancia
A medida que avanza la novela, los personajes dejan atrás la niñez. Elizabeth llega a la edad adulta, busca trabajo y conoce a Agathe, una joven huérfana cuyos padres murieron intoxicados con gas. Agathe termina incorporándose a la vida de los hermanos y enamorándose de Paul, mientras Gerard se enamora de Elizabeth.
Sin embargo, a pesar de que empiezan a experimentar relaciones adultas, algo en ellos parece permanecer detenido.
Los hermanos continúan molestándose, inventando juegos y refugiándose en sus propios códigos. El tiempo pasa, pero ellos siguen comportándose como si la realidad exterior fuera una interrupción de su verdadero mundo.
Esta contradicción me pareció una de las características más interesantes del libro. Los personajes crecen físicamente, adquieren responsabilidades y experimentan el amor, pero no necesariamente maduran al mismo ritmo.
Mi interpretación es que Cocteau presenta la infancia no solo como una etapa cronológica, sino también como un espacio emocional del que algunos personajes no consiguen desprenderse. Elizabeth y Paul parecen tener dificultades para aceptar que el mundo no puede organizarse siempre alrededor de sus deseos.
Esta atmósfera también me conectó con mis propios recuerdos de adolescencia. Hay un momento de la historia en que la risa y la euforia de los jóvenes me hicieron recordar mis años en el liceo Teresa Prats de Sarratea, cuando tenía alrededor de quince o dieciséis años y me reía sin parar con mis amigas Karen y Paulina.
Recuerdo esas risas que duraban tanto que terminaban doliéndome las mejillas. Durante un paseo a la playa, algunas compañeras estaban fumando hierba mientras nosotras nos reíamos como si estuviéramos drogadas, sin necesitar nada más que nuestra propia compañía.
No puedo asegurar que esa experiencia sea equivalente a la que describe la novela, pero la asociación surgió de manera natural. Me hizo pensar en una etapa en la que las emociones parecen ocuparlo todo y la diversión no necesita demasiadas explicaciones.
Me gustó encontrar esa conexión entre la historia y mis recuerdos. A veces, leer no consiste solamente en descubrir la vida de otros personajes, sino en reconocer algo de nosotros mismos en situaciones que creíamos haber dejado atrás.
5. Michael: una muerte que altera el equilibrio
La segunda parte introduce a Michael, un hombre que se enamora de Elizabeth y desea casarse con ella. Posee una gran fortuna y le ofrece la posibilidad de comenzar una vida diferente.
Paul, sin embargo, se resiste a trasladarse a la lujosa casa de Michael. Prefiere permanecer en el espacio que comparte con su hermana. Interpreté esa decisión como una señal de lo importante que resulta para él conservar el mundo que han construido juntos.
La boda se prepara y se lleva a cabo, pero Michael muere de forma repentina y terrible. Su larga bufanda se enreda en una parte del automóvil y le causa una lesión mortal en el cuello.
La escena me impactó por lo inesperada y brutal. Cocteau venía construyendo una atmósfera en la que la realidad parecía suspendida entre juegos, metáforas y movimientos casi coreográficos. De pronto, aparece una muerte absurda y violenta.
Recuerdo especialmente esta frase:
«La boda se preparaba y el equilibrio se mantenía intacto, equilibrio de unas sillas apiladas que un payaso columpia entre el escenario y el patio de butacas hasta la saciedad».
Me pareció una metáfora extraordinaria. La imagen de las sillas apiladas me hizo pensar en una situación que puede mantenerse en pie durante un tiempo, pero que no ofrece ninguna garantía de estabilidad. No afirmo que esa sea la única interpretación posible; es la lectura que hice al relacionarla con la muerte que viene a continuación.
Tras la muerte de Michael, Elizabeth hereda su fortuna y los hermanos terminan viviendo en la mansión. Sin embargo, el dinero no consigue resolver aquello que los mantiene atrapados. Aunque cambian sus circunstancias materiales, continúan reproduciendo sus antiguas dinámicas.
Mi impresión es que la novela establece un contraste entre el cambio exterior y la inmovilidad interior: pueden cambiar de casa, pero no necesariamente de vida.
6. Paul y Agathe: amar sin saber si seremos correspondidos
Uno de los aspectos que más me gustaron de la novela fue la relación entre Paul y Agathe.
Paul descubre que está enamorado de ella, pero ese descubrimiento no lo vuelve más seguro. Escribe una carta, se sonroja y termina evitándola. Agathe interpreta su distancia como desprecio, cree que Paul no la quiere y sufre hasta el punto de perder el apetito.
Él, por su parte, está nervioso y teme ser rechazado. La posibilidad de que ella no corresponda a sus sentimientos le resulta insoportable.
Me pareció encantadora esta parte porque muestra una contradicción muy humana: dos personas pueden quererse y, sin embargo, hacerse daño porque ninguna sabe con certeza lo que siente la otra.
Como lectora, incluso me reí de su inocencia. Ambos sufren por algo que podrían resolver hablando. Pero también entendí la angustia que experimentan, porque hay una diferencia enorme entre amar a alguien y atreverse a decirlo.
La situación me hizo pensar en cuántas veces el silencio puede interpretarse de maneras opuestas. Cuando alguien se aleja, no siempre sabemos si está ordenando sus sentimientos, si tiene miedo o si simplemente ya no desea estar cerca. No afirmo que toda distancia esconda amor; precisamente, lo interesante es que desde fuera no siempre podemos saber qué la provoca.
Paul termina comprendiendo que amar no significa necesariamente ser correspondido. Esa idea me pareció especialmente dolorosa. Amar y ser amado de vuelta no siempre coinciden, y descubrirlo puede resultar aterrador porque exponerse al rechazo es aceptar que otra persona puede herirnos de una manera que no podemos controlar.
Esta reflexión me acompañó durante la lectura porque también me hizo pensar en mi propia experiencia. A veces, cuando sabemos que no seremos correspondidos, preferimos permanecer en la sombra, observando y queriendo en silencio. Puede parecer más seguro que arriesgarse a una respuesta que cambie por completo la relación.
En mi caso, me hizo pensar en cómo la incertidumbre puede llevarnos a preferir una relación imaginada antes que afrontar la posibilidad de perderla. La novela, por su parte, muestra el precio de ese silencio: la incertidumbre puede terminar siendo tan dolorosa como el rechazo.
7. Elizabeth: cuando el amor se convierte en posesión
Aquí es donde mi percepción de Elizabeth cambió radicalmente.
Cuando descubre que Paul está enamorado de Agathe y que ambos sufren por sus sentimientos, interviene en sus vidas. Organiza una serie de acontecimientos destinados a separarlos y a conducir a Agathe hacia Gerard.
Elizabeth presenta su decisión como si estuviera haciendo lo que necesariamente debía hacerse. Considera que Gerard y Agathe son socialmente compatibles y que una relación diferente podría perjudicarlos.
Sin embargo, yo interpreté su comportamiento de otra manera. Me parece que detrás de sus decisiones hay un temor profundo a perder a Paul. Durante años, él ha sido su compañero, su cómplice y la persona con quien ha compartido sus juegos. La posibilidad de que su hermano se enamore y construya una relación propia amenaza el vínculo sobre el que ha organizado su existencia.
Por eso, cuando descubre que Paul y Agathe se aman, no los ayuda a estar juntos. Los separa.
Debo reconocer que Elizabeth llegó a exasperarme. Me molestó que, teniendo delante a dos personas que se quieren, eligiera manipularlas en lugar de permitirles descubrir qué podían construir juntas. ¿Por qué hacer eso? ¿Por qué no dejarlos ser felices?
Mi interpretación es que Elizabeth confunde el amor con la necesidad de conservar intacta su relación con Paul. No puedo reducir todas sus motivaciones a los celos, pero sus acciones me hicieron pensar en una forma de posesión que no sabe aceptar la libertad del otro.
Elizabeth puede querer profundamente a su hermano y, al mismo tiempo, actuar de una manera destructiva. Puedo comprender de dónde podría surgir su conducta sin justificarla.
Su comportamiento me llevó a pensar en una forma inquietante de crueldad: la que se ejerce convencido de que se está haciendo lo correcto.
8. Dargelos regresa: la juventud convertida en veneno
Cuando Gerard vuelve a encontrarse con Dargelos, el pasado irrumpe nuevamente en la vida de Paul.
Dargelos parece conservar su apariencia juvenil, como si el tiempo no hubiera conseguido modificarlo. Mientras los demás han crecido y sufrido pérdidas, él continúa representando una figura ligada a la juventud y la fascinación.
Durante su encuentro con Gerard, le entrega una sustancia peligrosa y recuerda a Paul, aquel muchacho que lo admiraba y que compartía sus intereses porque quería acercarse a él.
Paul no parece haberse interesado en los venenos por sí mismos, sino porque le interesaban a Dargelos. Quería participar de su mundo, comprenderlo y parecerse a él. Este detalle me pareció significativo: cuando alguien se convierte en objeto de admiración, sus gustos y gestos pueden adquirir una importancia desproporcionada.
El regreso de Dargelos provoca en Paul una especie de resurrección momentánea. La posibilidad de recibir algo suyo le devuelve parte de la emoción de la infancia. Sin embargo, el regalo termina convirtiéndose en un instrumento de destrucción.
Dargelos representa, para mí, esa figura que permanece intacta en nuestra memoria aunque la vida continúe avanzando. Es la persona que asociamos con una etapa, una emoción o una forma de mirar el mundo. No necesariamente porque la conozcamos profundamente, sino porque lo que sentimos por ella termina adquiriendo un significado propio.
Me parece interesante que Dargelos conserve su misterio incluso después de reaparecer. Nunca deja de ser, en cierta medida, una figura contemplada desde la distancia.
9. La habitación y el mundo imaginario de los hermanos
A medida que avanzaba en la lectura, empecé a comprender que la habitación no era solamente un lugar donde transcurrían los acontecimientos. Para mí, se convirtió en una de las imágenes centrales de la novela: un espacio que permite a los personajes escapar de la realidad.
Los hermanos parecen vivir dentro de un universo propio, separado de las convenciones sociales, las responsabilidades y el paso del tiempo. Incluso cuando la fortuna de Elizabeth les permite trasladarse a una mansión, continúan reproduciendo las mismas dinámicas.
El biombo que separa los espacios dentro de la habitación me pareció especialmente revelador. Los personajes establecen divisiones, pero estas no consiguen separarlos verdaderamente. Continúan compartiendo la casa, los mismos juegos y las mismas obsesiones.
Mi interpretación es que intentan construir una vida adulta sin renunciar a la seguridad de la infancia. Sin embargo, un refugio también puede convertirse en una prisión: lo que al principio los protege de un mundo que les resulta hostil termina impidiéndoles desarrollarse fuera de él.
Paul y Elizabeth no parecen comprender del todo que amar a alguien significa aceptar que esa persona pueda cambiar, elegir y marcharse. Ambos intentan conservar sus vínculos de una manera que excluye la transformación.
Por eso, el mundo imaginario de los hermanos me parece tan fascinante como inquietante. Han construido un lugar donde pueden continuar siendo niños, pero el precio de permanecer allí es renunciar a una parte de la vida.
10. El desenlace: Elizabeth y el regreso a la nieve
El desenlace reúne los principales conflictos de la novela.
Después de que Paul ingiere la sustancia que ha recibido a través de Gerard, Agathe acude a verlo y lo encuentra en un estado alarmante. En medio de la situación, Paul y Agathe finalmente consiguen expresar sus sentimientos. Se reconocen, se abrazan y comprenden que se aman.
La verdad sale a la luz y ambos descubren que Elizabeth ha intervenido deliberadamente para separarlos. Cuando la enfrentan, aparece un revólver. Aunque la escena no deja completamente claro cada movimiento, el desenlace sí muestra que Elizabeth termina disparándose en la sien.
Su muerte fue uno de los momentos más perturbadores del libro. Según mi interpretación, su necesidad de conservar a Paul alcanza un extremo irreversible. Parece convencida de que la muerte le permitirá permanecer unida a él para siempre, sin tener que aceptar la posibilidad de que su hermano construya una vida independiente.
No puedo afirmar que esta explicación agote el significado de su decisión, pero me parece coherente con la posesividad y el miedo a la separación que he observado en su comportamiento.
La escena también me hizo recordar Buscando al hombre del río, una lectura que no he podido olvidar por la relación enfermiza entre sus personajes. Pensé en cómo ciertos vínculos pueden convertirse en espacios cerrados donde el deseo de permanecer juntos termina destruyendo aquello que se pretendía proteger.
La mención del incesto en Los niños terribles me llevó a preguntarme por la naturaleza de la relación entre Paul y Elizabeth. No considero que deba reducirse toda su relación a una interpretación sexual explícita, pero sí me parece que existe una intimidad posesiva que desborda, a mis ojos, una relación fraternal convencional.
Tras la muerte de Elizabeth, Paul parece retroceder definitivamente hacia la infancia. La nieve, Dargelos y el recuerdo del primer enfrentamiento vuelven a ocupar su imaginación. Agathe intenta llamarlo de regreso, pero él parece alejarse hacia el lugar donde comenzó todo.
Interpreto este final como una retirada hacia el recuerdo, incapaz de soportar el presente. Paul vuelve simbólicamente a la nieve y a Dargelos, al origen de su fascinación. La infancia que parecía protegerlo termina convirtiéndose en el lugar al que regresa cuando ya no puede enfrentarse a la realidad.
11. Los personajes y sus formas de amar
Paul: el muchacho que no sabe abandonar sus fantasías
Paul está marcado por la fascinación, la dependencia y la dificultad para expresar lo que siente. Primero idealiza a Dargelos y después descubre su amor por Agathe. En ambos casos, sus sentimientos parecen existir con mayor intensidad en su imaginación que en la realidad.
Mi interpretación es que su tragedia no consiste solamente en sufrir por amor, sino en no conseguir encontrar una manera de vivir fuera de sus fantasías.
Elizabeth: el amor que se convierte en posesión
Elizabeth es el personaje que más emociones contradictorias me provocó. Puedo comprender que haya tenido que crecer demasiado pronto y cuidar de su familia en circunstancias difíciles. Interpreto su relación con Paul como una oportunidad para recuperar una infancia que había perdido.
Sin embargo, me resulta difícil aceptar la crueldad con la que intenta controlar su destino. Su miedo a perder a su hermano parece pesar más que la felicidad de él. Es un personaje complejo porque puede querer profundamente a Paul y, al mismo tiempo, actuar de una manera destructiva.
Dargelos: la belleza y lo inalcanzable
Dargelos es hermoso, provocador, cruel y misterioso. Para mí, representa una juventud que permanece intacta en la memoria de quienes la contemplan.
Paul lo convierte en un ideal, pero esa imagen no necesariamente coincide con la persona real. Dargelos representa aquello que deseamos sin conocer por completo y que, precisamente por su distancia, conserva su poder sobre nosotros.
Gerard: el amor que espera
Gerard ama a Paul, pero sus sentimientos no encuentran correspondencia. Su posición me resulta dolorosa porque observa de cerca la complejidad emocional de Paul sin poder modificarla y más tarde le sucede igual con Elizabeth.
Agathe: la vulnerabilidad de amar
Agathe ama a Paul y sufre cuando interpreta que él la desprecia. Su historia muestra lo vulnerable que puede resultar una persona cuando deposita sus sentimientos en alguien cuya respuesta desconoce.
A diferencia de Elizabeth, Agathe no intenta controlar a Paul. Su sufrimiento surge de no saber qué lugar ocupa en su vida.
Michael: la posibilidad de una vida diferente
Michael aparece como una oportunidad de cambio para Elizabeth. Su fortuna y su deseo de casarse con ella podrían haber abierto un camino hacia una vida distinta. Su muerte interrumpe esa posibilidad y permite que los hermanos regresen al espacio que han construido juntos.
En mi lectura, Michael representa la posibilidad de una vida exterior al universo cerrado de Paul y Elizabeth.
12. Los temas que atraviesan la novela
El amor no siempre es correspondido
Paul ama a Dargelos, Gerard ama a Paul y Agathe ama a Paul. Los sentimientos se cruzan, pero no siempre coinciden. La novela muestra que amar no garantiza una relación y que el miedo al rechazo puede llevarnos a ocultar lo que sentimos.
La infancia como refugio
Los juegos, las bromas y la habitación funcionan como mecanismos de protección. Mi interpretación es que Paul y Elizabeth se refugian en la infancia porque les cuesta aceptar una realidad que exige cambios. Pero ese refugio también contiene crueldad, egoísmo y una comprensión limitada de los demás.
La posesión y el miedo a perder
La relación entre Elizabeth y Paul me hizo pensar en la diferencia entre querer conservar a alguien y querer que esa persona sea feliz. Cuando la necesidad de posesión domina una relación, el otro deja de ser reconocido como alguien con deseos propios.
La belleza y la crueldad
Dargelos combina belleza y provocación. A mi juicio, la novela muestra cómo la fascinación puede llevarnos a idealizar a alguien e ignorar sus defectos. Paul contempla a Dargelos como una figura excepcional, pero esa idealización dice tanto de Paul como del propio Dargelos.
La soledad dentro de los vínculos
Los personajes viven rodeados de otras personas, pero sus sentimientos permanecen aislados. Paul no sabe expresar su amor por Agathe; Gerard no consigue que Paul corresponda a sus sentimientos; Elizabeth no puede expresar su miedo a perder a su hermano sin intentar controlarlo.
Interpreto que la novela presenta una forma de soledad que no consiste en estar solo, sino en compartir una habitación con las personas que más queremos y no encontrar la manera de comunicarnos con ellas.
13. La escritura de Jean Cocteau: metáforas, fluidez y ambigüedad
Una de las cosas que más disfruté de Los niños terribles fue la escritura de Jean Cocteau.
Me encontré con un lenguaje rico en metáforas, imágenes inesperadas y palabras que no había escuchado antes. A pesar de la complejidad de algunas frases, sentí que la lectura mantenía cierta fluidez. El texto exige atención, pero no me resultó tan difícil de seguir como otras obras que he leído.
La muerte de Michael es un buen ejemplo del contraste entre la escritura poética y la crudeza de los acontecimientos. También me llamó la atención la manera en que los personajes y los espacios adquieren significados que van más allá de su función narrativa.
Dargelos no es solamente un muchacho: para mí, es una figura de fascinación. La habitación se convierte en un refugio y la nieve parece representar el lugar al que Paul regresa al final.
No afirmo que estos símbolos tengan una única interpretación correcta. Son las lecturas que surgieron de mi experiencia con la novela.
En algunos momentos, la escritura me recordó, salvando las distancias, al Marqués de Sade. No porque ambos autores escriban de la misma manera, sino por la sensación de encontrarme ante una obra que exige atención y que puede resultar incómoda por las relaciones que presenta. Sin embargo, Cocteau me resultó más fluido y accesible.
También encontré cierta afinidad entre el universo de la novela y las imágenes que me evocan algunas letras de Babasónicos. Esa conexión fue parte de lo que me llevó al libro. No necesito afirmar que exista una relación directa entre ambos universos para reconocer que hay algo en la fascinación, la ambigüedad y la belleza inquietante de Dargelos que me hizo pensar en esa música.
14. Vocabulario aprendido durante la lectura
Una de las cosas que más me gusta de leer es encontrar palabras nuevas y descubrir matices del lenguaje que desconocía. Por eso quise conservar un pequeño vocabulario asociado a esta novela.
- Síncope: pérdida repentina y transitoria del conocimiento, generalmente por una disminución momentánea del flujo sanguíneo al cerebro. En sentido figurado, puede evocar una interrupción brusca.
- Quiproquo: confusión o malentendido por el que se toma una persona, una cosa o una situación por otra..
- Furcia: término despectivo para referirse a una mujer considerada promiscua o prostituta. Tiene una carga peyorativa.
- Infesta: forma del verbo infestar, que significa invadir o llenar un lugar de organismos o elementos considerados perjudiciales. También puede emplearse figuradamente.
- Paroxismo: grado de máxima intensidad de una emoción, un estado o una manifestación.
- Marasmo: estado de paralización, apatía, decadencia o falta de actividad.
- Facundia: facilidad y abundancia para hablar o expresarse con elocuencia.
Estas palabras forman parte de mi experiencia de lectura. No son solamente definiciones que quiero recordar, sino una manera de ampliar mi vocabulario y prestar más atención a los matices del lenguaje.
15. Mi impresión final: la dificultad de abandonar el mundo que construimos
Los niños terribles me dejó la sensación de haber entrado en un mundo extraño, donde el tiempo avanza sin conseguir que sus personajes abandonen del todo la infancia.
Llegué buscando a Dargelos, impulsada por mi curiosidad acerca de Babasónicos. Terminé encontrándome con una historia sobre la fascinación, el miedo al rechazo y la necesidad de conservar los vínculos, incluso cuando hacerlo puede terminar destruyéndolos.
Me gustó especialmente la escritura de Cocteau, sus metáforas y la riqueza de su vocabulario. También disfruté de las conexiones personales que fui encontrando: recordé mi adolescencia, las risas con mis amigas y las travesuras de la infancia.
Pero el libro me hizo pensar, sobre todo, en la dificultad de aceptar que las personas cambian y que los vínculos no pueden permanecer siempre iguales.
Paul y Elizabeth parecen querer detener el tiempo. Continúan jugando, discutiendo y compartiendo una habitación como si el mundo exterior no tuviera derecho a intervenir. Sin embargo, la vida sigue avanzando y ellos no encuentran la manera de acompañarla.
Me quedo con una pregunta que la novela me dejó: ¿qué ocurre cuando aquello que nos protege termina impidiéndonos vivir?
La habitación fue, durante mucho tiempo, un refugio para los hermanos. Allí podían jugar, reír, pelear y construir sus propias reglas. Pero también se convirtió en un lugar del que no sabían salir.
Esta idea me hizo pensar en cómo los recuerdos, las personas y las emociones que más nos marcan pueden terminar ocupando un espacio enorme en nuestra vida. Nos aferramos a ellos porque representan algo que no queremos perder, aunque permanecer allí nos impida descubrir otras posibilidades.
No creo que la novela ofrezca una respuesta sencilla. Su fuerza está, para mí, en mostrar las contradicciones de sus personajes sin reducirlos a una explicación única.
Me quedo con la sensación de haber leído una historia en la que crecer no significa necesariamente madurar, amar no garantiza ser correspondido y la belleza puede convivir con lo terrible.
Y me quedo, también, con Dargelos. Ese muchacho al que fui a buscar y que terminó convirtiéndose, en mi lectura, en el símbolo de algo más amplio: la fascinación por aquello que permanece distante, la juventud que recordamos como una promesa y el deseo de volver, aunque sea por un instante, al lugar donde comenzaron nuestras emociones.
Quizá esa sea una de las razones por las que algunos libros permanecen con nosotros después de terminarlos. No porque nos entreguen respuestas definitivas, sino porque nos permiten reconocer preguntas que ya estaban en nuestra propia vida.
Ficha de lectura
- Título: Los niños terribles.
- Autor: Jean Cocteau.
- Edición consultada: edición de José Ignacio Velásquez.
- Género: novela, con elementos de ficción psicológica y una atmósfera poética y simbólica.
- Extensión: la historia comienza en la página 71 de la edición consultada, precedida por una extensa introducción sobre la vida y obra del autor.
- Temas principales: infancia, adolescencia, amor no correspondido, posesión, soledad, fascinación, crueldad y dificultad para madurar.
- Valoración personal: disfruté especialmente de la escritura, las metáforas y la riqueza del vocabulario. Me sorprendió la manera en que la novela combina la ligereza de los juegos infantiles con la oscuridad de sus consecuencias.
Nota sobre esta edición: decidí no incorporar al análisis el contenido de la introducción biográfica, aunque me pareció interesante. Preferí centrarme en la novela y en mi propia experiencia de lectura.
