Hay dolores que hacen ruido incluso cuando una guarda silencio.
Últimamente he pensado mucho en eso. En las palabras que llegan demasiado fuerte, en las que se dicen y después no pueden retirarse, en las que intentan explicar lo inexplicable y terminan haciendo más daño. Quizás por eso esta canción volvió a mí.
Pienso en el sujeto y en todo lo que ocurrió. En todo lo que dije, en todo lo que no dije bien, en las palabras que sobraron y en aquellas que quizás faltaron. En cómo una puede querer tanto decir algo y, al mismo tiempo, descubrir que ninguna explicación alcanza para acomodar lo que duele.
Quizás el tiempo haga lo suyo. Quizás, quizás. Hoy no quiero decidirlo.
Solo sé que me duele.
Me duele haber construido una ilusión durante tanto tiempo y sentir cómo, en un solo encuentro, algo de ella se desarmaba frente a mí. Me duele la diferencia entre lo que imaginé y lo que ocurrió. Me duele incluso aquello que no sé si alguna vez voy a comprender del todo.
Pero entonces pienso en otra cosa.
En mi pequeña niña. (Oh my little girl)
Y hay una parte de esta canción que siempre me quiebra porque me devuelve a un recuerdo que parece pertenecer a otra vida: yo mirándola dormir entre mis brazos, todavía pequeña, y pensando que nunca imaginé que aquello que más había querido pudiera estar ahí, respirando tranquilamente contra mí.
All I ever wanted. All I ever needed is here in my arms
Y eso me conmueve de una manera que no sé explicar.
Porque también hay días en que ser madre me sobrepasa. Días en que estoy cansada, en que quiero silencio, en que siento que no quiero hacerme cargo de nada más. Días en que incluso puedo pensar, con culpa, “no quiero más”. Y después la miro dormir y recuerdo que el cansancio no borra el amor.
Puedo estar agotada y amarla profundamente.
Puedo necesitar escapar un rato y seguir queriéndola con todo mi corazón.
Puedo sentir que la vida pesa demasiado y, aun así, reconocer que ella fue una de las cosas más extraordinarias que me han ocurrido.
Quizás eso sea lo que más me ha enseñado el dolor últimamente: que el amor y el cansancio pueden existir al mismo tiempo. Que extrañar a alguien no significa que todo lo demás desaparezca. Que puedo sentir un vacío por aquel y, al mismo tiempo, tener entre mis brazos algo que me recuerda que mi vida es mucho más grande que esa ausencia.
Tal vez por eso quiero aprender a callar un poco.
No porque no tenga nada que decir.
Sino porque algunas cosas necesitan tiempo.
Dejar que las palabras se enfríen. Dejar que las heridas respiren. Dejar que las personas tengan sus propios procesos. Dejar que el silencio sea silencio y no una pregunta esperando desesperadamente una respuesta.
Quizás podamos volver a encontrarnos en algún punto más tranquilo.
Quizás no.
Y por primera vez, no quiero obligarme a saberlo.
Hoy solo quiero hacer espacio para lo que sí tengo.
Para mi hija dormida.
Para mis libros esperando.
Para mi trabajo.
Para las cosas que todavía no han sucedido.
Para una vida que continúa incluso cuando una parte de mí se queda mirando hacia atrás.
Porque hay palabras que pueden herir, promesas que pueden romperse y sentimientos que pueden ser demasiado intensos para sostenerlos todo el tiempo.
Y quizás, después de tanto ruido, lo que necesito aprender ahora es algo mucho más sencillo:
quedarme un momento en silencio.
Y respirar.
PD: Que buena rola, se lanzó justo el año en que nací prematuramente jajaaj. Justo me encuentro leyendo un libro que se relaciona con todas estas palabras. Próximamente.

