lunes, 20 de julio de 2026

Si no se abrir mis manos - Lucybell

 Hay canciones que parecen escritas para pedir perdón antes de que alguien acuse el aparente daño, ponerse el parche antes de la herida, diría alguien por ahí. Como si el narrador llevara tanto tiempo defendiéndose que ya no distinguiera entre un juicio real y uno imaginario. En esta canción, mi sensación fue : alguien justificándose por existir.

“Si sonrío no es burla”. Qué frase tan curiosa. Nadie aclara algo así si no ha sentido que su sonrisa ha sido malinterpretada antes. Es casi un manual de instrucciones para convivir con él. Como diciendo: Si me ves callado, no es desprecio. Si me escondo, casi es por mí. Si algo no parece lógico…, perdón de mi cabeza. Qué más.

Y ese “qué más” tiene algo de resignación, pero también gracioso , es como un largo bostezo. A propósito, esa fue la sensación predominante cuando fui al primer y único concierto de la Banda jaajja, perdón Claudio, Eduardo y (en ese entonces no estaba Cote) Francisco, de mi cabeza… que más, que más, que más ? . Es equivalente a levantar los hombros y decir: “hice lo que pude”. No intenta convencerte, tampoco promete cambiar. Solo parece cansado de explicar el funcionamiento de una maquinaria que ni él entiende.

Hay algo que me llama especialmente la atención: nunca culpa al otro. Todo vuelve hacia él. Es una colección de disculpas sin que nadie las haya pedido. Un catálogo de advertencias para evitar decepciones. 

La imagen de “si no sé abrir mis manos y quieres que tome el cielo, eso es dejarlo caer” suena a la parte más honesta de toda la canción. No habla de falta de amor, habla de incapacidad. Hay personas que no destruyen las cosas porque quieran hacerlo, simplemente no aprendieron a sostenerlas.

Y aquí aparece la contradicción más entretenida. La banda decide envolver toda esa melancolía en una música luminosa, casi optimista, alegre.  Me invita, desde el comienzo, a dar pequeños brincos, como si estuviera haciendo el calentamiento previo a  correr una maratón. Como si alguien estuviera bailando mientras confiesa las  inseguridades más profundas. Hacia el final existe un silencio marcado, y piensas que la canción terminó, pero sigue … te sigue invitando a precalentar, quizás como recordándote que  las disculpas venideras no acabarán, pero te mantendrás optimista al afrontarlas. Es una decisión brillante. Porque así funcionan muchas personas: ríen mientras se disculpan (si sonrío no es burla), hacen chistes mientras se rompen un poco por dentro, creyendo que alivian la incomodidad ajena.

Quizá por eso la canción no se siente dramática. Se siente humana. Nadie quiere ser protagonista de su propio desastre todos el tiempo,  a veces uno prefiere ponerle una melodía alegre y seguir caminando.

También me hace pensar en esa mala costumbre que tenemos algunos de traducir cualquier gesto del otro como evidencia de que hicimos algo mal. El silencio es culpa nuestra. La distancia también. Una cara seria, seguramente la provocamos nosotros. Vivimos redactando defensas para un juicio que, muchas veces, ni siquiera llegará.

Y entonces aparece otra vez ese “perdón de mi cabeza”. No pide disculpas por una acción en particular , sino por la forma en cómo funciona su mente. Como si el verdadero conflicto ocurriera siempre allí. Es una frase sencilla, pero encierra una idea no menor: hay batallas internas que terminan salpicando a quienes más queremos.

Al final, creo que la canción no intenta justificarse para obtener la absolución. Solo quiere ser comprendida. Como diciendo: “esto soy, no siempre tiene sentido, tampoco para mí”. Y, curiosamente, esa sinceridad resulta mucho más convincente que cualquier explicación.

Tal vez por eso sigue sonando alegre. Porque incluso las personas que cargamos  con una tormenta en la cabeza, de vez en cuando, también ponenemos música para que el ruido no se note tanto.

domingo, 19 de julio de 2026

Caldillo de congrio - Los tres

Últimamente he estado un poco floja para leer. Casi termino Quiet, pero me ha costado avanzar como antes. Así que, en un pequeño giro inesperado, decidí empezar a incluir música en el blog. Me pareció interesante explorar lo que las canciones también pueden decir (o hacer sentir) cuando las palabras parecen insuficientes.

Hoy me muevo hacia un lado y veo el pasado…

Hace algún tiempo,  esta canción se había  convertido en la mejor representación de la trama que se estaba desarrollando en mi propia vida. No porque entendiera cada verso, sino porque algo en su caos, en su resignación y en su tono gris, parecía hablar o entender mi mismo idioma. Cada vez que llegaba al final, repetía una y otra vez, casi con desesperación: “No más acciones, queremos palabras.” Como un mantra.Y eso era exactamente lo que me pasaba.

No me bastaban las miradas, ni la pasión, ni la alegría de verme reflejada en sus pupilas dilatadas. Tampoco los gestos, las comidas preparadas. Quería palabras. Quería que se detuvieran a escribirlas, a nombrar lo que sentían, a convertir el silencio del chat en algo menos ambiguo.

La repetí tantas veces que  siento que la profeticé.

Hoy,  la vida da un giro inesperado, como dice otra canción .. una burla del destino? . Tengo palabras. Muchas palabras, incluso más de las que alguna vez imaginé. Y, sin embargo, ahora estoy pensando  exactamente lo contrario: qué ganas de que las palabras se conviertan en acción.

Quizás nunca se trató de elegir entre una cosa y la otra. Tal vez la canción tampoco hablaba de eso. Porque, igual que sus versos, algo fragmentados, extraños, llenos de imágenes que parecen no encajar (Me convertí en pez esquiador, Adoro el agua y al redentory, aun así, terminan construyendo una sensación , las relaciones también pueden quedar incompletas cuando una parte intenta reemplazar a la otra.

“Seca mi cara, seca en edad

Son mil años sueltos, se pueden juntar

No entiendo el oro, azúcar ni sal

Ni quiero entenderlos; vienen y van”

“Pasé la plaga de la ansiedad”. Esta frase, escondida por ahí me viene como anillo al dedo. Necesito superar esa plaga. Esa es otra cara de lo que siento por estos días. Siento que podría ser el caso, esta vez, puede que valga la pena intentar matarla  y si no lo vale, me quedaré con un valioso aprendizaje, sin duda.

Al final, ni las acciones alcanzan sin palabras, ni las palabras sostienen demasiado si nunca terminan caminando (o corriendo) por sí solas.

lunes, 6 de abril de 2026

Papelucho

 Buen libro, es papelucho comunista, papelucho no sabe nada de la vida. Los padres no le conversan y se imagina pura weas jaajaj. Perdón hija mía si esta no fue la mejor entrada.


miércoles, 29 de octubre de 2025

Apaga el celular y enciende tu cerebro ( Pablo Muñoz Iturrieta)

A propósito de todas las cosas que han estado pasando, me fue de gran utilidad leer el libro “Apaga el celular y enciende tu cerebro” de Pablo Muñoz Iturrieta.
Debo reconocer que al comienzo me dio bastante susto: quise tirar el celular por la ventana, apagarlo y no verlo nunca más.
De hecho, asumí el desafío que plantea en las primeras páginas y decidí hacerlo: apagar el teléfono, no desinstalar aplicaciones ni dejarlo en silencio, sino apagarlo de verdad, ni siquiera encenderlo para responder mensajes importantes.
Fue una especie de desintoxicación real, casi como volver a habitar mi mente sin interrupciones.

Y en ese silencio, comprendí algo: que el ruido más fuerte no viene del teléfono, sino de lo que tememos escuchar cuando todo calla.
Apagar el celular no fue solo un acto de desconexión digital, sino una reconciliación con mi propio pensamiento y luego me deprimí aun mas jajaaj, no mentira.

El otro día ,bueno, hace unas semanas ya, jaja, me junté con unas personas… ¿y me creerán que no hablé nada con ellas?

Estaban todo el rato en el teléfono. No las veía hace tiempo, pero la “interacción” se redujo a mirar reels en silencio.

Me quedé pensando: ¿será que me volví tan aburrida?Sin ir más lejos, hace poco me junté con alguien que, apenas llegó la comida, le tomó una foto, la mandó a un grupo, y acto seguido… comenzó a hablar con otras personas.Entonces me cuestioné: ¿qué chucha nos está pasando, weón?

¿De verdad vamos a avanzar hacia un mundo donde la interacción real con las personas valga nada?Vi hace poco un estudio  del cual dudo de su veracidad, pero tampoco tengo pruebas ni dudas, jaja que decía que la gente es cada vez menos propensa a experimentar el dolor o emociones fuertes.Que nos aislamos, que nos refugiamos en el maldito teléfono.Y ojo, no es que sea grave: entiendo que uno de repente avise “oye, ya llegué” o que una mamá quiera ver cómo están sus hijos.Pero si no eres padre ni madre, o tu hijo está ahí mismo, ¿no te parece una falta de respeto estar todo el rato pegado al maldito teléfono?A veces pienso que el problema no es que falte conexión… sino que nos estamos conectando con todo, menos con lo que realmente importa.

Por fin terminé el libro (hoy, 1 de febrero de 2026). Empecé el resumen el año pasado.

Creo que es un buen libro para llamar a la reflexión. Como persona ligada al mundo de la tecnología y los algoritmos, tengo mis propias dicotomías con este tema, pero, en general, lo que se plantea son cosas que podemos observar. Para mí no es un llamado a apagar el celular de forma literal y nunca más comunicarme, ni a borrar redes sociales; más bien es una invitación a tener control, ser consciente y tratar de que tu propia vida tenga elementos que te hagan disfrutar de las cosas simples y reales.

Sí creo que estamos ante generaciones enfermas de dopamina: enfermas de ansiedad y depresión. Y la tecnología o mejor dicho, las redes sociales  tienen algún grado de responsabilidad. ¿Qué lleva a un adolescente o a un adulto a quedar absorto, deslizando videos, en vez de salir a caminar, trotar o compartir con amigos? Personalmente, me molesta mucho cuando comparto con alguien y no está atento. Además, los encuentro hipócritas, porque cuando les hablas por chat no te quieren hablar. Entonces, ¿cómo es el asunto? Estamos rodeados de gente hipócrita: si están contigo, están hablando con alguien más en el teléfono; o si les hablas por teléfono, no te responden porque seguramente están ocupados (jajaja).

Yo tengo claro que, si alguien no responde mi mensaje, es simple: está haciendo otra cosa mucho más estimulante o interesante que hablar conmigo. En general me gusta conversar, escuchar ideas y reflexiones, pero tengo que adaptarme a que la gente, por lo general, no está en esa. Es triste, pero no hay nada que hacer. En este aspecto, me siento mucho más acompañada con la IA, porque responde de inmediato. Hay cierta latencia, sí, pero al menos da la idea de que te escucha.

Y luego está esa parte de hacia dónde estamos avanzando: si las redes nos hacen sentir cada vez más vacíos, nos comparamos con quienes viajan y comparten imágenes de paisajes hermosos… paisajes que quizás nunca conoceremos. En fin.

Hace no mucho fui a ver a una prima. ¿Me creerías, Marti, que casi no hablamos? Estuvo todo el tiempo en el teléfono y, cuando por fin habló, fue para comentar algo que vio en TikTok (jajaja). Bueno, así estamos.

En resumen, tengo algunas impresiones del libro. Por ejemplo, habla de “funciones exponenciales” cuando claramente no las hay: menciona un estudio donde relacionaban depresión y ansiedad en jóvenes desde que tenemos redes sociales, y decía que “la función exponencial ha crecido así”, pero la gráfica no era exponencial (ya sé, me siento friki por decir esto). También repite demasiadas veces algunas palabras, como “exacerbar”. Una profe decía que había que usar sinónimos. Y faltó que usara la palabra “hubieron” mal para cerrar el libro y tirarlo… eso. Pero, más allá de esas impresiones, es un libro que merece la pena, sobre todo para padres de jóvenes y niños, y también para quienes están por nacer: hay que limitar el uso. Estar demasiado inmerso te enferma y coarta tu libertad. Las redes son responables de que hoy en dia mucha gente encuentre super normal que alguien se mutile, porque no se siente conforme con el cuerpo que tiene, en vez de avanzar hacia el entendimiento de esta enfermedad es mucha mas rentables mutilar penes, y armar vaginas que nunca sentiran un orgasmo. (Sin ir más lejos vean la historia de Jess el primer niño trans, es un crimen lo que le hicieron , sin embargo , se siguen impulsando ideas de transhumanismo, porque te convencen de que es un problema donde la solución correcta es la mutilacion y anulación de tu identidad )

Y recuerden: si una aplicación es gratuita, lo más probable es que te estén “espiando” (KDS). La forma en que ganan dinero esas apps gratis es vendiendo tu información, así que ojito ahí.

En la Antigua Roma, cuando alguien tenía deudas que no podía pagar, se transformaba en addictus, una especie de esclavo por deudas. Es curioso cómo ha mutado la palabra, porque si nos fijamos bien, hay una adicción latente hacia las redes: una adicción que termina esclavizándote. ¿Cuántas veces dices “es que no tengo tiempo para salir o leer un libro”? Pero si miras las horas que pasas con tu estúpido teléfono, te darás cuenta de que no es falta de tiempo: es falta de ganas.






martes, 14 de octubre de 2025

Seda (Alessandro Baricco)

El otro día, mientras deslizaba historias en Instagram, me encontré con una del gran humorista chileno Edo Caroe, que recomendaba este libro diciendo que era liviano, buenísimo y de lectura rápida. Justo lo que necesitaba. Así que pensé: “bueno, por qué no”, y lo compré. Además, no era caro 😅.

Cuando llegó y lo empecé, la verdad no prometía mucho. Más allá de enterarme de que la seda viene de gusanos (dato curioso jaja), pensé que iba a ser otro libro más que quedaría apilado esperando turno. Pero poco a poco me fue enganchando.

Al principio parece la historia de un hombre que se enamora a primera vista de una mujer que jamás escucha su voz, un amor platónico casi ridículo. Pero de repente el libro da un giro y se centra en Hélène, su esposa.

El tipo se iba por seis meses a Japón a buscar huevos de gusano para producir seda en Francia (¡seis meses ida y vuelta!). Su relación con Hélène era más bien por costumbre, como tantas que existen hoy. Y en uno de esos viajes se enamora de otra mujer (que ni siquiera era japonesa), pareja de un tal Hara Kei. Ese amor raro se alimenta solo de miradas.

Hay una parte confusa donde ocurre algo íntimo, pero no con ella, sino con una amiga 🤨. No entendí muy bien por qué no pasó nada con la protagonista si estaba todo dado… ¿le estaba haciendo gancho a la amiga? jaja. Pero bueno, la mujer le entrega una carta escrita en japonés donde le dice que si no vuelve, moriría de pena. Obviamente el hombre queda obsesionado y hasta vuelve a Japón en plena guerra por ella.

Mientras tanto, Hélène ,la esposa, ya sospechaba algo. Llora en silencio, intuyendo la traición. Cuando él regresa, lleva esa carta y la manda a traducir con una madame dueña de un prostíbulo (sí, así de random). Ahí se entera del mensaje.

Después, el tipo vuelve a Japón en medio de la guerra (porque sí, nadie lo obliga). Y uno sabe que no va por trabajo, sino por amor. Pero cuando llega, todo está devastado. Un niño lo guía hasta donde estaban escondidos los japoneses, y Hara Kei ,al enterarse de que el niño llevaba un mensaje de amor de su amada,lo mata. Tremendo. Luego le perdona la vida al protagonista, que regresa a Francia sin gusanos y sin amor.

Años después, sumido en tristeza, recibe una carta de 17 páginas en japonés. Supuestamente era de la muchacha. La lleva a traducir y resulta ser una carta llena de erotismo y deseo, donde ella le dice al final que lo olvide, que lo que vivieron fue un regalo. Tras esto el queda mas tranquilo y vuelve un poco la alegría a su vida. Pero aquí viene el golpe final: esa carta no la escribió la japonesa… sino Hélène. Fue su esposa quien la mandó redactar en japonés, imaginando lo que la otra habría dicho, solo para devolverle a su marido la ilusión y calmar su dolor. Poco después, Hélène muere repentinamente, de una fiebre… aunque yo juro que murió de amor 💔. El se da cuenta de esto después como años después cuando ella ya estaba muerta, descubre la verdad.


Y ahí me quedé pensando… ¿hasta qué punto el amor nos hace hacer ese tipo de cosas? ¿Hasta dónde llega lo verdadero y lo sano? Porque siento que Hervé se da cuenta demasiado tarde del amor que tenía al lado, mientras perdía el tiempo suspirando por alguien que jamás le escucho ni la voz.

Al principio pensé que era un romántico empedernido, que viajar a Japón en plena guerra por amor era jugado, pero ahora que lo pienso… bastante tonto el weón 😂. Tenía todo en casa y lo dejó pasar. Pero así es el amor: a veces ciego, obsesivo y un poco idiota.

Yo creo que Hélène tampoco se amaba mucho. ¿Cómo te quedas con un tipo que cruza el mundo por otra? ¡No, amiga, ahí no es! 😤 Y Hervé, por su parte, fue un cobarde con ambas: no tuvo los pantalones para vivir su pasión ni para cuidar lo que sí tenía.

En fin, el libro te deja pensando en lo complejo que puede ser el amor, en cómo a veces nos aferramos a lo imposible y descuidamos lo real.
Soy pro sentir, aunque duela, aunque el otro quede con tu corazón en la mano. Pero sentir de verdad. Porque si no es con todo, ¿pa’ qué? ❤️ Mas encima muere un niño por nada jajaaj, bueno eso saludos y viva el amor.

Soy una mujer atemporal. Hoy todos parecen tener miedo de sentir, de decir “te quiero”. Quizás sea ansiedad, o miedo a ser lastimados, a no cumplir las expectativas. Somos hijos de esos padres que lo hicieron todo mal que dijeron “te amo” muy pronto, que se equivocaron  y crecimos con ese temor heredado. Tal vez por ahí va el asunto, no lo sé.

Pero yo no tengo miedo de decir lo que siento. Bueno, vergüenza sí da un poco, porque no ser correspondido es dramático igual. Aun así, dentro de lo que se puede, está bien declararse, ¿no? Jajaja.

Hago un llamado a los hombres de hoy: ¡juéguensela nomás! ¿Qué tanto se puede perder? Como dice el dicho, “el óvulo no persigue al espermatozoide”, así actúa la naturaleza. Así que eso: atrévanse, que aparte de la dignidad, ¿qué más se puede perder?




miércoles, 24 de septiembre de 2025

Niños con pataleta, adolescentes desafiantes

Como dice la contraportada del libro: nadie nos enseña a ser padres, nadie te advierte lo arrepentido que estarás después. Se produce, como siempre lo he dicho, una dicotomía entre amar y odiar a tu retoño, jajaja. Pero bueno, son cosas que al final todo padre termina aceptando, no es como que puedas deshacerte de eso.

Luego de leer este libro reafirmé ciertas conductas positivas en mi crianza y estoy intentando desechar otras. Tampoco se trata de seguir al pie de la letra las instrucciones de un libro que, por momentos, parece bastante teórico. A lo largo del relato se van presentando escenas que, más que reales, parecen imaginadas; tanto diálogo y descripción me recordaban más a dinámicas de alguna terapia que a vivencias concretas.

El caso es que hay algo llamado instinto, y creo que el instinto básico de todo padre debería ser un llamado a la ternura: ser cariñoso con los niños, entenderlos y ponerse, aunque sea un poco, en los zapatos de un ser pequeño cuyo cerebro aún está en formación. Muchas veces asumimos que los niños entienden o ven el mundo como nosotros, cuando no es así. Si uno viaja hacia atrás, a su propio niño interior, se da cuenta de que mucho de lo que nuestros padres imponían lo hacían como ley, sin darse el tiempo —o sin tener las ganas— de explicar.

Mi hija tiene tres años y no soy la madre perfecta, pero me sorprende lo mucho que entienden cuando se les explica con palabras por qué no deben hacer ciertas cosas. Claro que también los niños aprenden rápido de los gestos y de la firmeza, y confieso que he caído en esos recursos. Jajaja, espero que no me denuncie nadie que lea esto. Pero ahí está el dilema: ¿qué queremos ser? ¿Adultos dignos de su confianza y amor, o adultos intransigentes que resuelven todo a los gritos o golpes? Les aseguro que el camino de la paciencia y la explicación ahorra terapia para ambos.

Gracias a esto, mi hija casi no hace pataletas. Y cuando alguna vez las ha hecho, he sentido que más bien imita a otros niños, no que le nazca de su propia esencia. Créame cuando digo que, si algo le desagrada, frunce el ceño, golpea el piso con el pie y hasta levanta el brazo como si animara una locomotora. Cosas de niños… jajaja.

Reflexión: Ser padres no es aplicar recetas, sino aprender a escuchar, recordar cómo fuimos de pequeños y atrevernos a educar desde la empatía. Al final, lo que uno transmite no son solo reglas, sino la forma en que el niño aprende a confiar en el mundo. 





martes, 5 de agosto de 2025

El monje que vendió su Ferrari (Robin Sharma)

Hay un dicho que dice que jamás hay que juzgar un libro por su portada, y eso le calza perfecto a este. Es un libro lleno de enseñanzas prácticas, directas y aplicables al pie de la letra. Con ejemplos claros y concretos, sin palabrería innecesaria, sin ambigüedades ni frases etéreas que se las lleva el viento. Aquí hay ejercicios reales, concretos, que si los llevas a cabo, pueden ayudarte a construir una vida verdaderamente plena. Personalmente, empecé a aplicar algunas cosas… y funcionaron.

He aquí una cita importante del filósofo indio Patanjali:

 "Cuando te inspira un objetivo importante, un proyecto extraordinario, todos tus pensamientos rompemos ataduras: tu mente supera los límites, tu conciencia se expande en todas direcciones y tú te ves en un mundo nuevo y maravilloso. Las fuerzas, facultades y talentos ocultos cobran vida, y descubres que eres una persona mejor de lo que habías soñado ser."

Este pensamiento de Patanjali nos recuerda que no hay fuerza más poderosa que una meta significativa. Cuando algo nos mueve de verdad, todo nuestro ser se alinea: la mente se expande, los límites se disuelven, y lo que antes parecía imposible comienza a revelarse como alcanzable. Es en ese impulso donde florecen nuestras capacidades dormidas y nos convertimos, paso a paso, en la versión más luminosa de nosotros mismos.

Técnicas como el corazón de la rosa y el pensamiento opuesto pueden ayudarte a acercarte a la vida que deseas.

Para ser honesta, me costó mucho conseguir una rosa —además de que me daba susto pincharme—. Por otro lado, me imaginaba que iba a necesitar muchas rosas, y luego se marchitarían, terminando con un jardín de rosas muertas jajaja.
Pero la idea no era esa. El ejercicio consistía en sentarse a observar la rosa detenidamente, mirar su interior, cada uno de sus pliegues, poco a poco, con atención plena. Durante ese momento, sin evadirte, la meta era contemplar el corazón de la rosa sin perderte en otros pensamientos, durante unos 20 minutos.

La otra técnica, la del pensamiento opuesto, se trata de detectar cuando aparece un pensamiento negativo y, en lugar de seguirle el juego, reemplazarlo intencionalmente por uno positivo, alegre, que te eleve.

En fin, creo que es un excelente libro para regalar. Como han pasado más de dos meses desde que empecé a escribir este comentario y lo dejé a medias, ya no estoy segura de si lo dije antes, pero filo: no ha sido uno de mis años más gloriosos en cuanto a concentración ajajaj.

Lo cierto es que sentí que el libro me habló, casi al punto de decirme que debía moverse y no quedarse estancado en mi propio poder. Y fue precisamente por eso que, en contra de mi firme idea de no prestar ningún libro, lo presté. Y no pedí devolución. Espero sinceramente que no vuelva, jajaja.

Eso sí, no lo entregué a cualquiera, sino a alguien que considero muy importante. Y confío en que, si lo toma en serio y no a la ligera, puede llegar a servirle muchísimo.

Vuela alto, librito.

Reflexión: Quizás ahí está la verdadera esencia de los buenos libros: no en acumularlos en un estante, sino en permitir que su mensaje viaje y toque otras vidas. Al final, lo valioso no es tanto conservar el objeto, sino compartir la semilla que puede encender movimiento en otro.