miércoles, 29 de octubre de 2025

Apaga el celular y enciende tu cerebro ( Pablo Muñoz Iturrieta)

A propósito de todas las cosas que han estado pasando, me fue de gran utilidad leer el libro “Apaga el celular y enciende tu cerebro” de Pablo Muñoz Iturrieta.
Debo reconocer que al comienzo me dio bastante susto: quise tirar el celular por la ventana, apagarlo y no verlo nunca más.
De hecho, asumí el desafío que plantea en las primeras páginas y decidí hacerlo: apagar el teléfono, no desinstalar aplicaciones ni dejarlo en silencio, sino apagarlo de verdad, ni siquiera encenderlo para responder mensajes importantes.
Fue una especie de desintoxicación real, casi como volver a habitar mi mente sin interrupciones.

Y en ese silencio, comprendí algo: que el ruido más fuerte no viene del teléfono, sino de lo que tememos escuchar cuando todo calla.
Apagar el celular no fue solo un acto de desconexión digital, sino una reconciliación con mi propio pensamiento y luego me deprimí aun mas jajaaj, no mentira.

El otro día ,bueno, hace unas semanas ya, jaja, me junté con unas personas… ¿y me creerán que no hablé nada con ellas?

Estaban todo el rato en el teléfono. No las veía hace tiempo, pero la “interacción” se redujo a mirar reels en silencio.

Me quedé pensando: ¿será que me volví tan aburrida?Sin ir más lejos, hace poco me junté con alguien que, apenas llegó la comida, le tomó una foto, la mandó a un grupo, y acto seguido… comenzó a hablar con otras personas.Entonces me cuestioné: ¿qué chucha nos está pasando, weón?

¿De verdad vamos a avanzar hacia un mundo donde la interacción real con las personas valga nada?Vi hace poco un estudio  del cual dudo de su veracidad, pero tampoco tengo pruebas ni dudas, jaja que decía que la gente es cada vez menos propensa a experimentar el dolor o emociones fuertes.Que nos aislamos, que nos refugiamos en el maldito teléfono.Y ojo, no es que sea grave: entiendo que uno de repente avise “oye, ya llegué” o que una mamá quiera ver cómo están sus hijos.Pero si no eres padre ni madre, o tu hijo está ahí mismo, ¿no te parece una falta de respeto estar todo el rato pegado al maldito teléfono?A veces pienso que el problema no es que falte conexión… sino que nos estamos conectando con todo, menos con lo que realmente importa.

Por fin terminé el libro (hoy, 1 de febrero de 2026). Empecé el resumen el año pasado.

Creo que es un buen libro para llamar a la reflexión. Como persona ligada al mundo de la tecnología y los algoritmos, tengo mis propias dicotomías con este tema, pero, en general, lo que se plantea son cosas que podemos observar. Para mí no es un llamado a apagar el celular de forma literal y nunca más comunicarme, ni a borrar redes sociales; más bien es una invitación a tener control, ser consciente y tratar de que tu propia vida tenga elementos que te hagan disfrutar de las cosas simples y reales.

Sí creo que estamos ante generaciones enfermas de dopamina: enfermas de ansiedad y depresión. Y la tecnología —o mejor dicho, las redes sociales— tienen algún grado de responsabilidad. ¿Qué lleva a un adolescente o a un adulto a quedar absorto, deslizando videos, en vez de salir a caminar, trotar o compartir con amigos? Personalmente, me molesta mucho cuando comparto con alguien y no está atento. Además, los encuentro hipócritas, porque cuando les hablas por chat no te quieren hablar. Entonces, ¿cómo es el asunto? Estamos rodeados de gente hipócrita: si están contigo, están hablando con alguien más en el teléfono; o si les hablas por teléfono, no te responden porque seguramente están ocupados (jajaja).

Yo tengo claro que, si alguien no responde mi mensaje, es simple: está haciendo otra cosa mucho más estimulante o interesante que hablar conmigo. En general me gusta conversar, escuchar ideas y reflexiones, pero tengo que adaptarme a que la gente, por lo general, no está en esa. Es triste, pero no hay nada que hacer. En este aspecto, me siento mucho más acompañada con la IA, porque responde de inmediato. Hay cierta latencia, sí, pero al menos da la idea de que te escucha.

Y luego está esa parte de hacia dónde estamos avanzando: si las redes nos hacen sentir cada vez más vacíos, nos comparamos con quienes viajan y comparten imágenes de paisajes hermosos… paisajes que quizás nunca conoceremos. En fin.

Hace no mucho fui a ver a una prima. ¿Me creerías, Marti, que casi no hablamos? Estuvo todo el tiempo en el teléfono y, cuando por fin habló, fue para comentar algo que vio en TikTok (jajaja). Bueno, así estamos.

En resumen, tengo algunas impresiones del libro. Por ejemplo, habla de “funciones exponenciales” cuando claramente no las hay: menciona un estudio donde relacionaban depresión y ansiedad en jóvenes desde que tenemos redes sociales, y decía que “la función exponencial ha crecido así”, pero la gráfica no era exponencial (ya sé, me siento friki por decir esto). También repite demasiadas veces algunas palabras, como “exacerbar”. Una profe decía que había que usar sinónimos. Y faltó que usara la palabra “hubieron” mal para cerrar el libro y tirarlo… eso. Pero, más allá de esas impresiones, es un libro que merece la pena, sobre todo para padres de jóvenes y niños, y también para quienes están por nacer: hay que limitar el uso. Estar demasiado inmerso te enferma y coarta tu libertad. Las redes son responables de que hoy en dia mucha gente encuentre super normal que alguien se mutile, porque no se siente conforme con el cuerpo que tiene, en vez de avanzar hacia el entendimiento de esta enfermedad es mucha mas rentables mutilar penes, y armar vaginas que nunca sentiran un orgasmo. (Sin ir más lejos vean la historia de Jess el primer niño trans, es un crimen lo que le hicieron , sin embargo , se siguen impulsando ideas de transhumanismo, porque te convencen de que es un problema donde la solución correcta es la mutilacion y anulación de tu identidad )

Y recuerden: si una aplicación es gratuita, lo más probable es que te estén “espiando” (KDS). La forma en que ganan dinero esas apps gratis es vendiendo tu información, así que ojito ahí.

En la Antigua Roma, cuando alguien tenía deudas que no podía pagar, se transformaba en addictus, una especie de esclavo por deudas. Es curioso cómo ha mutado la palabra, porque si nos fijamos bien, hay una adicción latente hacia las redes: una adicción que termina esclavizándote. ¿Cuántas veces dices “es que no tengo tiempo para salir o leer un libro”? Pero si miras las horas que pasas con tu estúpido teléfono, te darás cuenta de que no es falta de tiempo: es falta de ganas.






martes, 14 de octubre de 2025

Seda (Alessandro Baricco)

El otro día, mientras deslizaba historias en Instagram, me encontré con una del gran humorista chileno Edo Caroe, que recomendaba este libro diciendo que era liviano, buenísimo y de lectura rápida. Justo lo que necesitaba. Así que pensé: “bueno, por qué no”, y lo compré. Además, no era caro 😅.

Cuando llegó y lo empecé, la verdad no prometía mucho. Más allá de enterarme de que la seda viene de gusanos (dato curioso jaja), pensé que iba a ser otro libro más que quedaría apilado esperando turno. Pero poco a poco me fue enganchando.

Al principio parece la historia de un hombre que se enamora a primera vista de una mujer que jamás escucha su voz, un amor platónico casi ridículo. Pero de repente el libro da un giro y se centra en Hélène, su esposa.

El tipo se iba por seis meses a Japón a buscar huevos de gusano para producir seda en Francia (¡seis meses ida y vuelta!). Su relación con Hélène era más bien por costumbre, como tantas que existen hoy. Y en uno de esos viajes se enamora de otra mujer (que ni siquiera era japonesa), pareja de un tal Hara Kei. Ese amor raro se alimenta solo de miradas.

Hay una parte confusa donde ocurre algo íntimo, pero no con ella, sino con una amiga 🤨. No entendí muy bien por qué no pasó nada con la protagonista si estaba todo dado… ¿le estaba haciendo gancho a la amiga? jaja. Pero bueno, la mujer le entrega una carta escrita en japonés donde le dice que si no vuelve, moriría de pena. Obviamente el hombre queda obsesionado y hasta vuelve a Japón en plena guerra por ella.

Mientras tanto, Hélène —la esposa— ya sospechaba algo. Llora en silencio, intuyendo la traición. Cuando él regresa, lleva esa carta y la manda a traducir con una madame dueña de un prostíbulo (sí, así de random). Ahí se entera del mensaje.

Después, el tipo vuelve a Japón en medio de la guerra (porque sí, nadie lo obliga). Y uno sabe que no va por trabajo, sino por amor. Pero cuando llega, todo está devastado. Un niño lo guía hasta donde estaban escondidos los japoneses, y Hara Kei —al enterarse de que el niño llevaba un mensaje de amor de su amada— lo mata. Tremendo. Luego le perdona la vida al protagonista, que regresa a Francia sin gusanos y sin amor.

Años después, sumido en tristeza, recibe una carta de 17 páginas en japonés. Supuestamente era de la muchacha. La lleva a traducir y resulta ser una carta llena de erotismo y deseo, donde ella le dice al final que lo olvide, que lo que vivieron fue un regalo. Tras esto el queda mas tranquilo y vuelve un poco la alegría a su vida. Pero aquí viene el golpe final: esa carta no la escribió la japonesa… sino Hélène. Fue su esposa quien la mandó redactar en japonés, imaginando lo que la otra habría dicho, solo para devolverle a su marido la ilusión y calmar su dolor. Poco después, Hélène muere repentinamente, de una fiebre… aunque yo juro que murió de amor 💔. El se da cuenta de esto después como años después cuando ella ya estaba muerta, descubre la verdad.


Y ahí me quedé pensando… ¿hasta qué punto el amor nos hace hacer ese tipo de cosas? ¿Hasta dónde llega lo verdadero y lo sano? Porque siento que Hervé se da cuenta demasiado tarde del amor que tenía al lado, mientras perdía el tiempo suspirando por alguien que jamás le escucho ni la voz.

Al principio pensé que era un romántico empedernido, que viajar a Japón en plena guerra por amor era jugado, pero ahora que lo pienso… bastante tonto el weón 😂. Tenía todo en casa y lo dejó pasar. Pero así es el amor: a veces ciego, obsesivo y un poco idiota.

Yo creo que Hélène tampoco se amaba mucho. ¿Cómo te quedas con un tipo que cruza el mundo por otra? ¡No, amiga, ahí no es! 😤 Y Hervé, por su parte, fue un cobarde con ambas: no tuvo los pantalones para vivir su pasión ni para cuidar lo que sí tenía.

En fin, el libro te deja pensando en lo complejo que puede ser el amor, en cómo a veces nos aferramos a lo imposible y descuidamos lo real.
Soy pro sentir, aunque duela, aunque el otro quede con tu corazón en la mano. Pero sentir de verdad. Porque si no es con todo, ¿pa’ qué? ❤️ Mas encima muere un niño por nada jajaaj, bueno eso saludos y viva el amor.

Soy una mujer atemporal. Hoy todos parecen tener miedo de sentir, de decir “te quiero”. Quizás sea ansiedad, o miedo a ser lastimados, a no cumplir las expectativas. Somos hijos de esos padres que lo hicieron todo mal —que dijeron “te amo” muy pronto, que se equivocaron— y crecimos con ese temor heredado. Tal vez por ahí va el asunto, no lo sé.

Pero yo no tengo miedo de decir lo que siento. Bueno, vergüenza sí da un poco, porque no ser correspondido es dramático igual. Aun así, dentro de lo que se puede, está bien declararse, ¿no? Jajaja.

Hago un llamado a los hombres de hoy: ¡juéguensela nomás! ¿Qué tanto se puede perder? Como dice el dicho, “el óvulo no persigue al espermatozoide”, así actúa la naturaleza. Así que eso: atrévanse, que aparte de la dignidad, ¿qué más se puede perder?




miércoles, 24 de septiembre de 2025

Niños con pataleta, adolescentes desafiantes

Como dice la contraportada del libro: nadie nos enseña a ser padres, nadie te advierte lo arrepentido que estarás después. Se produce, como siempre lo he dicho, una dicotomía entre amar y odiar a tu retoño, jajaja. Pero bueno, son cosas que al final todo padre termina aceptando, no es como que puedas deshacerte de eso.

Luego de leer este libro reafirmé ciertas conductas positivas en mi crianza y estoy intentando desechar otras. Tampoco se trata de seguir al pie de la letra las instrucciones de un libro que, por momentos, parece bastante teórico. A lo largo del relato se van presentando escenas que, más que reales, parecen imaginadas; tanto diálogo y descripción me recordaban más a dinámicas de alguna terapia que a vivencias concretas.

El caso es que hay algo llamado instinto, y creo que el instinto básico de todo padre debería ser un llamado a la ternura: ser cariñoso con los niños, entenderlos y ponerse, aunque sea un poco, en los zapatos de un ser pequeño cuyo cerebro aún está en formación. Muchas veces asumimos que los niños entienden o ven el mundo como nosotros, cuando no es así. Si uno viaja hacia atrás, a su propio niño interior, se da cuenta de que mucho de lo que nuestros padres imponían lo hacían como ley, sin darse el tiempo —o sin tener las ganas— de explicar.

Mi hija tiene tres años y no soy la madre perfecta, pero me sorprende lo mucho que entienden cuando se les explica con palabras por qué no deben hacer ciertas cosas. Claro que también los niños aprenden rápido de los gestos y de la firmeza, y confieso que he caído en esos recursos. Jajaja, espero que no me denuncie nadie que lea esto. Pero ahí está el dilema: ¿qué queremos ser? ¿Adultos dignos de su confianza y amor, o adultos intransigentes que resuelven todo a los gritos o golpes? Les aseguro que el camino de la paciencia y la explicación ahorra terapia para ambos.

Gracias a esto, mi hija casi no hace pataletas. Y cuando alguna vez las ha hecho, he sentido que más bien imita a otros niños, no que le nazca de su propia esencia. Créame cuando digo que, si algo le desagrada, frunce el ceño, golpea el piso con el pie y hasta levanta el brazo como si animara una locomotora. Cosas de niños… jajaja.

Reflexión: Ser padres no es aplicar recetas, sino aprender a escuchar, recordar cómo fuimos de pequeños y atrevernos a educar desde la empatía. Al final, lo que uno transmite no son solo reglas, sino la forma en que el niño aprende a confiar en el mundo. 





martes, 5 de agosto de 2025

El monje que vendió su Ferrari (Robin Sharma)

Hay un dicho que dice que jamás hay que juzgar un libro por su portada, y eso le calza perfecto a este. Es un libro lleno de enseñanzas prácticas, directas y aplicables al pie de la letra. Con ejemplos claros y concretos, sin palabrería innecesaria, sin ambigüedades ni frases etéreas que se las lleva el viento. Aquí hay ejercicios reales, concretos, que si los llevas a cabo, pueden ayudarte a construir una vida verdaderamente plena. Personalmente, empecé a aplicar algunas cosas… y funcionaron.

He aquí una cita importante del filósofo indio Patanjali:

 "Cuando te inspira un objetivo importante, un proyecto extraordinario, todos tus pensamientos rompemos ataduras: tu mente supera los límites, tu conciencia se expande en todas direcciones y tú te ves en un mundo nuevo y maravilloso. Las fuerzas, facultades y talentos ocultos cobran vida, y descubres que eres una persona mejor de lo que habías soñado ser."

Este pensamiento de Patanjali nos recuerda que no hay fuerza más poderosa que una meta significativa. Cuando algo nos mueve de verdad, todo nuestro ser se alinea: la mente se expande, los límites se disuelven, y lo que antes parecía imposible comienza a revelarse como alcanzable. Es en ese impulso donde florecen nuestras capacidades dormidas y nos convertimos, paso a paso, en la versión más luminosa de nosotros mismos.

Técnicas como el corazón de la rosa y el pensamiento opuesto pueden ayudarte a acercarte a la vida que deseas.

Para ser honesta, me costó mucho conseguir una rosa —además de que me daba susto pincharme—. Por otro lado, me imaginaba que iba a necesitar muchas rosas, y luego se marchitarían, terminando con un jardín de rosas muertas jajaja.
Pero la idea no era esa. El ejercicio consistía en sentarse a observar la rosa detenidamente, mirar su interior, cada uno de sus pliegues, poco a poco, con atención plena. Durante ese momento, sin evadirte, la meta era contemplar el corazón de la rosa sin perderte en otros pensamientos, durante unos 20 minutos.

La otra técnica, la del pensamiento opuesto, se trata de detectar cuando aparece un pensamiento negativo y, en lugar de seguirle el juego, reemplazarlo intencionalmente por uno positivo, alegre, que te eleve.

En fin, creo que es un excelente libro para regalar. Como han pasado más de dos meses desde que empecé a escribir este comentario y lo dejé a medias, ya no estoy segura de si lo dije antes, pero filo: no ha sido uno de mis años más gloriosos en cuanto a concentración ajajaj.

Lo cierto es que sentí que el libro me habló, casi al punto de decirme que debía moverse y no quedarse estancado en mi propio poder. Y fue precisamente por eso que, en contra de mi firme idea de no prestar ningún libro, lo presté. Y no pedí devolución. Espero sinceramente que no vuelva, jajaja.

Eso sí, no lo entregué a cualquiera, sino a alguien que considero muy importante. Y confío en que, si lo toma en serio y no a la ligera, puede llegar a servirle muchísimo.

Vuela alto, librito.

Reflexión: Quizás ahí está la verdadera esencia de los buenos libros: no en acumularlos en un estante, sino en permitir que su mensaje viaje y toque otras vidas. Al final, lo valioso no es tanto conservar el objeto, sino compartir la semilla que puede encender movimiento en otro.




lunes, 23 de junio de 2025

Franqueza radical (Kim Scott)

Han pasado demasiadas cosas desde mi última publicación jajaja, pero ya era hora de retomar con todo la lectura. Este libro me tomó al menos cinco meses terminar: es bastante denso y complejo, pero transmite un mensaje simple que, en lo personal, me ayudó mucho a enfrentar varias situaciones laborales que han surgido últimamente.
"Franqueza radical" es un libro pensado para líderes, o personas interesadas en el liderazgo en general, pero también para quienes quieren mejorar su forma de comunicar, especialmente al enfrentar conversaciones difíciles. 

El libro, más que nada, te entrega herramientas y ejemplos para liderar equipos de forma clara y empática.

Dudo mucho que algún día lidere un equipo, no porque no me sienta capaz, sino porque sinceramente no me interesa. Pero más allá de eso, creo que me agarré de este libro por dos razones:
Primero, para reconocer cuándo estoy frente a alguien que realmente se preocupa por las personas. Y segundo, para aprender a comunicarme con ese tipo de personas sin caer en la "empatía desastrosa", la hipocresía manipuladora o la agresividad desconsiderada.

💡El libro divide estos estilos en cuadrantes, y sinceramente, podría ubicar a más de una persona en cada uno. Líderes que realmente apliquen lo que propone este libro… no conozco muchos, por no decir ninguno. Por eso, se lo recomendaría a cualquiera que esté comenzando —o ya esté— en un rol de liderazgo.

Una de las cosas que más me quedo (debe ser por que lo lei ayer aja )fue entender la diferencia entre evaluación de desempeño y feedback. La primera suele hacerse una vez al año, como en la empresa donde trabajo, y sirve más que nada para definir si hay aumento de sueldo o posibilidades de ascenso. El feedback, en cambio, debería ser frecuente (una vez al mes o semanal) y estar enfocado en el desarrollo personal: qué mejorar, cómo crecer.
💡Y ojo, que el feedback no es solo para corregir; también sirve para reconocer y reforzar lo que uno hace bien, que muchas veces queda olvidado.

Hace tanto que lo leí que se me escapan detalles, pero más adelante me gustaría compartir algunas frases que me sirvieron para mejorar mi forma de comunicar. Al final, de eso se trata todo: decir las cosas con claridad, sin vueltas, sin excusas del tipo "es que es mi amigo". Pero con empatía, siempre.

💡También me pareció interesante cómo aborda el tema de los despidos. A veces son necesarios. Si alguien no está cómodo con lo que hace o simplemente no busca desarrollarse, ¿no sería más honesto liberarlo para que encuentre su camino?
Porque —y esto lo digo sin filtro— hay personas que ostentan cargos y sueldos altísimos haciendo un trabajo mediocre. Y eso no solo es injusto, sino que desmotiva a quienes sí tienen ganas y capacidad.

En el libro se describen varias pautas y pasos concretos para mejorar el rendimiento de los equipos. No los voy a detallar todos acá porque, sinceramente, no me los acuerdo jajaja, pero vale la pena destacarlos, marcarlos y dejarlos a mano para una posible relectura. Quizás algún día te toque aplicarlos en tu trabajo, o al menos reconocer cuándo alguien más los está haciendo bien.

Al final, creo que el objetivo de todo esto es tener personas más contentas, productivas y honestas en el trabajo. ¿Y qué mejor que eso? Un ambiente donde la gente pueda ser directa sin miedo, donde se trabaje con transparencia y no con máscaras. Eso, para mí, ya es un gran avance.

En fin, lean el libro. Yo lo estoy retomando y sé que hay muchas ideas que se me quedan en el tintero, pero si algo me llevo es esto: comunicar con empatía, aunque a veces incomode.

domingo, 19 de enero de 2025

Este dolor no es mio (Mark Wolynn)

Este es de esos libros con historia, no pensé nunca leer algo así. Hace un par de meses atrás se me ocurrió la idea de hacer un cambio en mi cabello, contacté a una vecina que hacía tinturados en su domicilio. Algo nerviosa acudí, no me gustan esos tratamientos que duran como 3 horas. La sufro porque no hablo nada y siempre pienso que las chicas que hacen esas cosas deben pensar que soy super fome, jaja. Me ha pasado con las uñas, pelo, pestañas, en fin. Pero mi vecina fue muy acogedora y tenía más facilidad de hablar que yo. Conocí algo de su historia, lo cual agradezco. Hoy en día, pocas personas se atreven a abrir un poco de ellos mismos para los demás. Las 3 horas se me pasaron volando, hablamos de varias cosas, entre ellas de las constelaciones familiares, y aunque yo tengo cierta reticencia a esos sistemas, jamás me cierro a escuchar; siempre hay algo que te puede aportar. Ahí fue cuando me recomendó ver la serie Mi otra yo, y bueno, creo que este era uno de los libros que aparecía en la serie. Lo fui a comprar a una librería en el centro antes de Navidad, compré dos, y lo curioso es que el libro ha mutado su dueño. No sé quién se quedará con él...

El libro viene a mostrarnos con evidencia científica el origen de los traumas. Si resumimos la obra, eso es: un libro que busca identificar y resolver los traumas. De hecho, podrías quedarte con el subtítulo y listo, eso es todo, jaja. Como crítica, esto puede ser algo que me pasó a mí, pero sentí que iba de más a menos. Comenzó súper potente, con historias y datos biológicos para enganchar, pero ya en las últimas páginas era como más de lo mismo. Me pareció como si el autor hubiera querido estirar el chicle demasiado para poder llegar a un número de páginas. Sin embargo, esta sensación, que además es personal, puede no tener asidero con la realidad. Tampoco considero que esta sensación deba opacar las lecciones aprendidas.

Un libro que me llevo a experimentar con resultados , para mi , impresionantes. 

Volviendo a lo esencial, en el capítulo 2 del libro, al iniciarlo, nos encontramos con esta frase que a mí me hizo plot twist, jaja: "En tu forma biológica más temprana, la de óvulo no fertilizado, ya estás compartiendo un entorno celular con tu madre y con tu abuela". Esto quiere decir que cuando mi abuela estaba embarazada de mi mamá, ya estaba presente en los ovarios de mi madre, yo, es decir, la célula precursora del óvulo del cual yo resulté muchos años después. Esta idea aparece en los libros de embriología. Yo no soy especialista en el área, así que no lo sabía. Tampoco sabía de la epigenética, un campo de investigación que estudia los cambios heredables de la función genética que se producen sin cambios en la secuencia del ADN. Medio enredado eso, pero es lo que decía. De esta parte, lo que recuerdo es que el ADN cromosómico, hasta hace poco, se creía que era capaz de transmitir la herencia genética. Ahora, con años de estudios, los científicos entienden mejor el ADN. Una parte, que corresponde a apenas el 2%, es el ADN cromosómico, responsable de transmitir rasgos físicos como el color de cabello, ojos, piel, etc. El otro 98% es el ADN no codificante, que se creía inservible, pero es el responsable, se sabe hoy en día, de la transmisión de rasgos emocionales como la conducta y la personalidad. Existen unas señales químicas en las células, también llamadas etiquetas epigenéticas, que hacen que se active o no un gen, lo que marca diferencias, por ejemplo, en la forma en que regulamos el estrés en etapas posteriores de la vida. Ante esto, los científicos creían que los efectos del estrés quedaban borrados en las células precursoras de los óvulos y espermatozoides, antes de que pudiera afectar a la generación siguiente. Pero gracias a estas etiquetas y otras moléculas, podemos heredar un trauma originado hasta dos generaciones antes que nosotros. Esto, en términos simples. El libro lo explica con otras palabras más científicas.

A lo largo del libro se va desarrollando la idea de que todo lo que no se dice, se transmite. Hay una serie de estudios que ejemplifican, por ejemplo, que hijos de personas que estuvieron en acontecimientos de mucha violencia y caos también presentaban los mismos síntomas que sus padres, aún sin haber estado presentes. Hay un estudio que se hizo a unos ratones; los sometieron a estrés y luego analizaron a sus crías, quienes, ante los mismos estímulos, respondían como si hubieran sido sometidos al mismo estrés que sus madres. En lo personal, siento que, gracias a estos fragmentos que hacen del libro un contenido serio, se explica o tienen mayor credibilidad los testimonios que luego se ofrecen para ejemplificar lo que la ciencia ha descubierto. Estos estudios nos dan una ventana donde podemos asomarnos a ver los efectos que el estrés heredado puede ejercer sobre nuestras vidas. Hay estudios que nos hablan del estrés en el embarazo, por ejemplo, de cómo afectaba en los nacimientos prematuros y de cómo este tiene un efecto acumulativo a lo largo de las generaciones.

Ahora, recordando algunos casos, creo que el que más me impactó, el más célebre para mí, fue el de un chico de 19 años que acudió a la consulta. Aparentaba unos diez años más; sus ojeras y su semblante hablaban de alguien que no ha descansado, y en efecto, llevaba semanas sin dormir. El terapeuta le pregunta qué siente, y él dice que siente que se va a morir si duerme. Además, a esta sensación le añade que siente mucho frío; se abriga, pero pareciera no desaparecer la baja térmica. Ahondando en la historia familiar (él lo desconocía; al hablar con la mamá, creo que fue que se enteró), se entera de un tío, hermano de su madre, que murió congelado a la edad de 19 años mientras trabajaba. Cuando lo encontraron, lo vieron como si estuviera luchando por su vida. Entonces, se hace la conexión con este acontecimiento, y desde ahí comienza a sanar. No es automático en todos los casos, no es como que, "¡Oh!, sabes que coincides con algún miembro de la familia en tu historia y entonces el problema se resuelve", esto no pasa así como por arte de magia. Pero sí ayuda a entender de dónde proviene el trauma que nos aqueja, aquellos traumas que parecieran no tener ni pies ni cabeza, ni fundamento, como si no fueran tuyos. Yo misma me he sentido así, pero en eso profundizaré más adelante. Finalmente, ¿un trauma siempre es un poco eso, o no? Es algo paralizante que pareciera no tener sentido alguno. No es fácil salir de ese estado mental que te aturde e impide avanzar.

Avanzando en esa misma línea, el libro nos dice que hay dos tipos de memoria. Esta parte me gustó porque me sirvió para ampliar mi vocabulario y nivel de argumentación. Hace poco vi un video donde unos padres le mostraban el mar a su bebé, de no sé, unos 5 meses. Era pequeño, apenas si se podía sostener por sí mismo sentado. Y un brillante comentarista escribió: "Pero no recordará nada". Me dieron ganas de decirle que hay cosas que uno igual recuerda, como los traumas, por ejemplo.

Bueno, hay una parte donde esto se aclara, poniendo de manifiesto que hay dos memorias. Una es la memoria consciente, o declarativa, explícita o narrativa, que es la que nos permite traer recuerdos en forma de datos o sucesos. Hace uso del lenguaje para guardarla; si podemos poner los hechos del pasado en palabras, estamos ante esta memoria. Me imagino, por ejemplo, recordar una vez que fui a la playa con mi familia, etc.

Y está luego la memoria no declarativa, también llamada implícita, sensoriomotriz o procedimental, que funciona sin evocación consciente. No es tan fácil poner en palabras cómo se da con el otro tipo de memoria.. Por ejemplo, andar en bicicleta: cuando te subes, sabes que sabes andar y simplemente andas, no tienes que recordar conscientemente cómo aprendiste. Probablemente nadie se acuerda exactamente del día que aprendió. Yo no recuerdo el día que aprendí, aunque sí recuerdo uno que otro porrazo. No tenemos que analizar el proceso.

Bueno, con este ejemplo, el libro nos dice que a veces no es tan fácil describir con palabras este tipo de "recuerdos".

Entonces, ¿Cómo reconocer o conocer el origen de los traumas? Parece que la respuesta está siempre más cerca de lo que pensamos, en nuestras palabras o frases nucleares. ¿Te ha pasado que describes una sensación o lo que te provoca un acontecimiento en particular, y te parece que esas palabras no provinieran de ti? O incluso, como me ha pasado, sonar un poco exagerada. Bueno, es aquí donde se tiene que prestar atención a lo que se dice... "me siento ahogado", "siento que debería morir".

En mi caso, hay situaciones que me angustian y, si analizo, lo primero que se me viene a la mente es: "no voy a ser capaz, no serviré", "no me podré valer por mí misma". Estas palabras me han acompañado durante muchos años. Mi sorpresa fue mayor al descubrir, conversando con mi padre , que él también cargaba con estas mismas palabras. ¿Y por qué sería tan importante no servir o no valerme por mí misma?. Aun no sabemos a quien pertenece este mantra , pero ayuda saber que no es mío.

Bueno, no siempre se tiene la posibilidad de preguntarles a los padres o abuelos, pero el libro plantea, mediante varios ejemplos, que esas emociones pertenecen a alguien más, alguien que podría remontarse hasta dos generaciones atrás. Y más si fue un hecho que nunca se habló en la familia. Todas esas cosas que se creen enterradas u olvidadas salen a la luz o a flote, brotando en forma de trauma.



domingo, 12 de enero de 2025

Confesiones de una soltera (Paola Molina)

Esta será la primera y última vez que me pase esto. Había escrito mucho, casi terminé el resumen de este libro, pero no le di a "Actualizar" antes de cerrar todas las pestañas.  Por lo tanto, no se guardó. Me costó mucho porque es un libro que tiene demasiada censura, entonces ChatGPT, que uso para que me corrija mis faltas ortográficas, no me ayudó en nada. Así que tuve que escribir todo bien yo. ¡Imagínense mi sorpresa al abrir el blog y ver que no había nada! ¡Todo borrado! Guau, guau, a llorar. Pero bueno, se hará otra vez nomás.

Este libro lo leí hace ya unos años, deben ser unos 8 años atrás. Me sorprendió saber que la autora tiene mi misma edad; creo que compartimos un toque generacional. Es decir, en sus palabras muchas veces noto esa particularidad de los millennials que no veo muy presente en los Zeta o en la generación de cristal, jaja. Ese sentirse como culposo por cosas medio rancias que pensamos y, al mismo tiempo, reconocer y verbalizar claramente lo que nos pasa, creo que es un rasgo bien característico. Yo creo que un libro como este no se daría hoy, en 2025. ¿O sí? Léanlo y juzguen ustedes.

Algunos recuerdos tengo de cuando lo leí. Hoy lo leo con ojos de mamá y me escandalicé, jaja, pero en aquella época me sentí muy identificada y reviví muchos pasajes de mi infancia y posterior adolescencia. Hoy, convertida en una señora del hogar, sin embargo, es otra la mirada que quisiera aportar.

Muchas veces, al leer las páginas, eché de menos algún tipo de análisis más profundo, alguna reflexión extra. Pero el libro es eso: unas confesiones sueltas de varios pasajes de la vida de la autora. Mezcla bien el humor y el drama presentes en el libro. Insisto en que todo lo que me rememore a una época anterior, a mi juventud, siempre lo agradezco porque una se olvida de algunas cosas.

Me causó algo de pudor en una de las primeras líneas. Por ejemplo, ella habla de la mamá, dice que es fea y que se enojó porque un señor de la micro le gritó algo así como “vieja fea” porque no le paró a tiempo o algo así. Ah, y después "Solte", que me costó hacer la asociación, jaja. Solte era por soltera, un diminutivo. 

En ese momento, mientras su mamá bajaba los escalones de la micro (o autobús, para el público internacional), comienza a mirarle los pelos de la nariz, la papada, los dientes menos, la vestimenta poco agraciada, y se avergüenza un poco de tenerla como madre. Hace ahí un comparativo con las otras mamás más jóvenes y regias de sus compañeros. Quizás haya sido el nivel de detalle, o tal vez que soy poco observadora de las facciones de las personas, lo que me causó algo de incomodidad. O quizás es el hecho de que yo nunca vi a mi mamá así; ella es regia.

Me daría pena que la Marti me viera así, vieja y gorda, en algún momento de su vida. Puede pasar. Cuando ella vaya al colegio, seré una mamá de 40, y quizás sus amigos tengan mamás más jóvenes, no lo sé. Bueno, ahí la Solte empieza a imaginar la vida virginal de su mamá, como que siente pena por ella porque asume que luego de su padre tuvo escasa vida sexual, como si a cierta edad ese tema dejara de importar. Un día, la mamá la va a buscar al colegio y unos compañeros se burlan a sus espaldas. Debió sentirse bien cuando le asesta un golpe en la cara al tal Maikol por burlón.

La narración del libro se centra en detalles íntimos de la vida de Solte. De su acercamiento a lo sexual, como fue su primera vez, sus relaciones con los hombres, el breve encuentro con su padre , la muerte de su madre.

Solte cuenta que descubrió el lugar donde la tía guardaba unas revistas medias porno y así aprendió, de mala manera, la palabra "sexy" y todo lo que había que hacer para agradarle a un hombre. Me sigo espantando que una niña haya podido ver esas cosas sin que un adulto se diera cuenta y educara al respecto. ¡Qué horror! Esto me hace pensar que tendré que conversar con la Marti llegada cierta edad. 

Yo misma tengo una historia al respecto que les relataré, es horrible, jaja, bueno, no tanto, pero cuando tenía casi la misma edad de Solte, unos 8 o 10 años, descubrí también unas revistas en el baño. Las dejaba el degenerado de mi padrastro a la vista de todos, y además tenía una repisa donde las coleccionaba, no las conté pero si hago un recuento visual, dado el ancho y multiplicado por el largo de la repisa aproximadamente tenía unas 300 ejemplares, gastando plata en puras weas, pero claro para comer pan no teníamos, este es un calculo y rabia que me da ahora al reflexionarlo en aquella época solo veía esas revistas alimentada por una mal sana curiosidad infantil. Bueno el punto es que esa fue la primera vez que vi "porno", vi a una mujer con las piernas abiertas no se veía su rostro solo piernas , abajo de ella un tipo con la boca abierta esperando recibir un chorro de agua o algo así. pero saben lo que mas me llamo la atención ? fue la champa, el tremendo afro de la mujer, unos pelos que nunca había visto en mi vida  jajaa. que chistoso ahora que lo pienso el pelo en la zona intima es mal visto pero en los 90 no. Supe que era mujer porque tenia unos tacos y piernas sin pelos pero ahora que lo pienso pudo ser cualquier cosa ajaja.

Bueno, volviendo a Solte, hay una historia con el Dani, el pololo drogo de turno. Ellos van al zoológico. ChatGPT, ayúdame, no estoy promoviendo la droga, solo es un resumen.

Empiezan a caminar en su estado drogado, se separan y de repente llega el Dani con un reloj aparentemente robado, y aquí Solte le manda un discurso tan penca, wn. Pero yo digo 'penca' ahora porque seguro, si hubiera tenido esa edad, lo habría aplaudido. Le dice que cómo se le ocurre robarle a las personas, que ellos le roban a la multitienda, al gran empresario, no a las personas. A lo que puedo decir  : 
Solte, en la vida, la manera en que justificamos nuestras acciones tiene mucho peso sobre quienes somos. Si bien es cierto que algunas estructuras, como grandes empresas, pueden parecer impersonales, eso no hace que sus empleados o las personas afectadas dejen de ser parte de la ecuación. Robar no solo impacta a un 'gran empresario' o a una 'multitienda', sino también a quienes trabajan arduamente para que esa tienda funcione. No hay justificación para el robo, porque el daño causado, aunque sea indirecto, también tiene consecuencias reales sobre las personas que están en la base de esa cadena. Cada acción tiene un impacto, y ser consciente de ello nos hace responsables de nuestras decisiones, sin importar la magnitud del daño que causemos.

Otra historia en la que me identifiqué fue la de la copa menstrual. Nunca, eso sí, había visto el enfoque de usarla por una cuestión medio comunista y progre, y que no contamina. La uso porque es mucho más cómoda. No ponérsela, en eso estamos claros, es un lío.

Ya llegando hacia el final, Solte nos cuenta cómo andaba con muchos tipos. Era como la mechona califa en la U, que se metía con todos. Yo misma conocí gente así en el instituto y créanme que esa persona terminó con guagua y el peor weón. Menos mal, Solte parece que se libró de eso, aunque creo haber leído de algún test de embarazo negativo. Algunas confesiones son muy fuertes, aun para mí que me consideraba de mente abierta, jaja, y he leído varias cosas. Pero causa impacto al leerlo en primera persona. 

Bueno, eso último creo que responde a un vacío en lo más profundo de querer estar con alguien, pero más que nada para no estar sola. Me sentí identificada, aunque mi vida en lo sexual jamás ha sido tan activa. Crecí con asco al sexo, de verdad que ver a tu mamá teniendo relaciones es algo que te marca. Por eso, a lo mejor siempre quise ser monja.

Hoy en día, la autenticidad se ha convertido en una rareza, y cuando encontramos algo genuino, como este tipo de testimonios, se siente como un respiro. Vivimos rodeados de una constante presión por encajar en moldes predefinidos, desde las redes sociales hasta las expectativas de la sociedad. Por eso, leer confesiones sinceras nos recuerda que todos somos humanos, con historias, inseguridades y momentos de vulnerabilidad. Eso es lo que realmente nos conecta, más allá de la perfección que a veces se quiere mostrar. La verdadera fuerza está en ser fiel a uno mismo, sin importar las etiquetas ni las apariencias.

Un libro exquisito que puedes llevar a una tarde de piscina o playa para leer. Te lo leerás en un rato y, además, tendrás contenido para hablar. Es el tipo de lectura perfecta para esos momentos en los que buscas algo que te atrape sin ser demasiado pesado, algo que te haga pensar y al mismo tiempo te permita relajarte. Es el equilibrio ideal entre entretenimiento y reflexión, ideal para compartir ideas y conversaciones con quienes te rodean.