martes, 14 de octubre de 2025

Seda (Alessandro Baricco)

El otro día, mientras deslizaba historias en Instagram, me encontré con una del gran humorista chileno Edo Caroe, que recomendaba este libro diciendo que era liviano, buenísimo y de lectura rápida. Justo lo que necesitaba. Así que pensé: “bueno, por qué no”, y lo compré. Además, no era caro 😅.

Cuando llegó y lo empecé, la verdad no prometía mucho. Más allá de enterarme de que la seda viene de gusanos (dato curioso jaja), pensé que iba a ser otro libro más que quedaría apilado esperando turno. Pero poco a poco me fue enganchando.

Al principio parece la historia de un hombre que se enamora a primera vista de una mujer que jamás escucha su voz, un amor platónico casi ridículo. Pero de repente el libro da un giro y se centra en Hélène, su esposa.

El tipo se iba por seis meses a Japón a buscar huevos de gusano para producir seda en Francia (¡seis meses ida y vuelta!). Su relación con Hélène era más bien por costumbre, como tantas que existen hoy. Y en uno de esos viajes se enamora de otra mujer (que ni siquiera era japonesa), pareja de un tal Hara Kei. Ese amor raro se alimenta solo de miradas.

Hay una parte confusa donde ocurre algo íntimo, pero no con ella, sino con una amiga 🤨. No entendí muy bien por qué no pasó nada con la protagonista si estaba todo dado… ¿le estaba haciendo gancho a la amiga? jaja. Pero bueno, la mujer le entrega una carta escrita en japonés donde le dice que si no vuelve, moriría de pena. Obviamente el hombre queda obsesionado y hasta vuelve a Japón en plena guerra por ella.

Mientras tanto, Hélène —la esposa— ya sospechaba algo. Llora en silencio, intuyendo la traición. Cuando él regresa, lleva esa carta y la manda a traducir con una madame dueña de un prostíbulo (sí, así de random). Ahí se entera del mensaje.

Después, el tipo vuelve a Japón en medio de la guerra (porque sí, nadie lo obliga). Y uno sabe que no va por trabajo, sino por amor. Pero cuando llega, todo está devastado. Un niño lo guía hasta donde estaban escondidos los japoneses, y Hara Kei —al enterarse de que el niño llevaba un mensaje de amor de su amada— lo mata. Tremendo. Luego le perdona la vida al protagonista, que regresa a Francia sin gusanos y sin amor.

Años después, sumido en tristeza, recibe una carta de 17 páginas en japonés. Supuestamente era de la muchacha. La lleva a traducir y resulta ser una carta llena de erotismo y deseo, donde ella le dice al final que lo olvide, que lo que vivieron fue un regalo. Tras esto el queda mas tranquilo y vuelve un poco la alegría a su vida. Pero aquí viene el golpe final: esa carta no la escribió la japonesa… sino Hélène. Fue su esposa quien la mandó redactar en japonés, imaginando lo que la otra habría dicho, solo para devolverle a su marido la ilusión y calmar su dolor. Poco después, Hélène muere repentinamente, de una fiebre… aunque yo juro que murió de amor 💔. El se da cuenta de esto después como años después cuando ella ya estaba muerta, descubre la verdad.


Y ahí me quedé pensando… ¿hasta qué punto el amor nos hace hacer ese tipo de cosas? ¿Hasta dónde llega lo verdadero y lo sano? Porque siento que Hervé se da cuenta demasiado tarde del amor que tenía al lado, mientras perdía el tiempo suspirando por alguien que jamás le escucho ni la voz.

Al principio pensé que era un romántico empedernido, que viajar a Japón en plena guerra por amor era jugado, pero ahora que lo pienso… bastante tonto el weón 😂. Tenía todo en casa y lo dejó pasar. Pero así es el amor: a veces ciego, obsesivo y un poco idiota.

Yo creo que Hélène tampoco se amaba mucho. ¿Cómo te quedas con un tipo que cruza el mundo por otra? ¡No, amiga, ahí no es! 😤 Y Hervé, por su parte, fue un cobarde con ambas: no tuvo los pantalones para vivir su pasión ni para cuidar lo que sí tenía.

En fin, el libro te deja pensando en lo complejo que puede ser el amor, en cómo a veces nos aferramos a lo imposible y descuidamos lo real.
Soy pro sentir, aunque duela, aunque el otro quede con tu corazón en la mano. Pero sentir de verdad. Porque si no es con todo, ¿pa’ qué? ❤️ Mas encima muere un niño por nada jajaaj, bueno eso saludos y viva el amor.

Soy una mujer atemporal. Hoy todos parecen tener miedo de sentir, de decir “te quiero”. Quizás sea ansiedad, o miedo a ser lastimados, a no cumplir las expectativas. Somos hijos de esos padres que lo hicieron todo mal —que dijeron “te amo” muy pronto, que se equivocaron— y crecimos con ese temor heredado. Tal vez por ahí va el asunto, no lo sé.

Pero yo no tengo miedo de decir lo que siento. Bueno, vergüenza sí da un poco, porque no ser correspondido es dramático igual. Aun así, dentro de lo que se puede, está bien declararse, ¿no? Jajaja.

Hago un llamado a los hombres de hoy: ¡juéguensela nomás! ¿Qué tanto se puede perder? Como dice el dicho, “el óvulo no persigue al espermatozoide”, así actúa la naturaleza. Así que eso: atrévanse, que aparte de la dignidad, ¿qué más se puede perder?




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