Hay un momento en que uno deja de esperar, no porque deje de querer, sino porque entiende que algunas puertas o ventanas no se abren a fuerza de insistir. Quizá la forma más silenciosa de amar sea aceptar que hay historias donde uno solo fue visitante. Duele menos cuando se dice así, aunque el corazón todavía no haya firmado el acuerdo.
La soledad tiene una forma curiosa de sentarse al lado. No siempre hace ruido, a veces solo aparece cuando ves a otros compartir aquello que tú también imaginaste alguna vez. Entonces entiendes que renunciar no siempre es dejar de sentir. A veces es decidir que el cariño ya no puede seguir viviendo de la esperanza.Hoy elijo quedarme con lo bueno. Con las conversaciones, las risas, las preguntas y todo aquello que hizo este camino inesperadamente hermoso. Pero también elijo volver a mi propia vida. Hay renuncias que no nacen de la falta de amor, sino del intento de conservar un poco de paz mental. Quizá esa sea la forma más triste, y también , la más digna de continuar.
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