Últimamente he estado un poco floja para leer. Casi termino Quiet, pero me ha costado avanzar como antes. Así que, en un pequeño giro inesperado, decidí empezar a incluir música en el blog. Me pareció interesante explorar lo que las canciones también pueden decir (o hacer sentir) cuando las palabras parecen insuficientes.
Hoy me muevo hacia un lado y veo el pasado…
Hace algún tiempo, esta canción se había convertido en la mejor representación de la trama que se estaba desarrollando en mi propia vida. No porque entendiera cada verso, sino porque algo en su caos, en su resignación y en su tono gris, parecía hablar o entender mi mismo idioma. Cada vez que llegaba al final, repetía una y otra vez, casi con desesperación: “No más acciones, queremos palabras.” Como un mantra.Y eso era exactamente lo que me pasaba.
No me bastaban las miradas, ni la pasión, ni la alegría de verme reflejada en sus pupilas dilatadas. Tampoco los gestos, las comidas preparadas. Quería palabras. Quería que se detuvieran a escribirlas, a nombrar lo que sentían, a convertir el silencio del chat en algo menos ambiguo.
La repetí tantas veces que siento que la profeticé.
Hoy, la vida da un giro inesperado, como dice otra canción .. una burla del destino? . Tengo palabras. Muchas palabras, incluso más de las que alguna vez imaginé. Y, sin embargo, ahora estoy pensando exactamente lo contrario: qué ganas de que las palabras se conviertan en acción.
Quizás nunca se trató de elegir entre una cosa y la otra. Tal vez la canción tampoco hablaba de eso. Porque, igual que sus versos, algo fragmentados, extraños, llenos de imágenes que parecen no encajar (Me convertí en pez esquiador, Adoro el agua y al redentor) y, aun así, terminan construyendo una sensación , las relaciones también pueden quedar incompletas cuando una parte intenta reemplazar a la otra.
“Seca mi cara, seca en edad
Son mil años sueltos, se pueden juntar
No entiendo el oro, azúcar ni sal
Ni quiero entenderlos; vienen y van”
“Pasé la plaga de la ansiedad”. Esta frase, escondida por ahí me viene como anillo al dedo. Necesito superar esa plaga. Esa es otra cara de lo que siento por estos días. Siento que podría ser el caso, esta vez, puede que valga la pena intentar matarla y si no lo vale, me quedaré con un valioso aprendizaje, sin duda.
Al final, ni las acciones alcanzan sin palabras, ni las palabras sostienen demasiado si nunca terminan caminando (o corriendo) por sí solas.
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