miércoles, 29 de octubre de 2025

Apaga el celular y enciende tu cerebro ( Pablo Muñoz Iturrieta)

A propósito de todas las cosas que han estado pasando, me fue de gran utilidad leer el libro “Apaga el celular y enciende tu cerebro” de Pablo Muñoz Iturrieta.
Debo reconocer que al comienzo me dio bastante susto: quise tirar el celular por la ventana, apagarlo y no verlo nunca más.
De hecho, asumí el desafío que plantea en las primeras páginas y decidí hacerlo: apagar el teléfono, no desinstalar aplicaciones ni dejarlo en silencio, sino apagarlo de verdad, ni siquiera encenderlo para responder mensajes importantes.
Fue una especie de desintoxicación real, casi como volver a habitar mi mente sin interrupciones.

Y en ese silencio, comprendí algo: que el ruido más fuerte no viene del teléfono, sino de lo que tememos escuchar cuando todo calla.
Apagar el celular no fue solo un acto de desconexión digital, sino una reconciliación con mi propio pensamiento y luego me deprimí aun mas jajaaj, no mentira.

El otro día ,bueno, hace unas semanas ya, jaja, me junté con unas personas… ¿y me creerán que no hablé nada con ellas?

Estaban todo el rato en el teléfono. No las veía hace tiempo, pero la “interacción” se redujo a mirar reels en silencio.

Me quedé pensando: ¿será que me volví tan aburrida?Sin ir más lejos, hace poco me junté con alguien que, apenas llegó la comida, le tomó una foto, la mandó a un grupo, y acto seguido… comenzó a hablar con otras personas.Entonces me cuestioné: ¿qué chucha nos está pasando, weón?

¿De verdad vamos a avanzar hacia un mundo donde la interacción real con las personas valga nada?Vi hace poco un estudio  del cual dudo de su veracidad, pero tampoco tengo pruebas ni dudas, jaja que decía que la gente es cada vez menos propensa a experimentar el dolor o emociones fuertes.Que nos aislamos, que nos refugiamos en el maldito teléfono.Y ojo, no es que sea grave: entiendo que uno de repente avise “oye, ya llegué” o que una mamá quiera ver cómo están sus hijos.Pero si no eres padre ni madre, o tu hijo está ahí mismo, ¿no te parece una falta de respeto estar todo el rato pegado al maldito teléfono?A veces pienso que el problema no es que falte conexión… sino que nos estamos conectando con todo, menos con lo que realmente importa.

Por fin terminé el libro (hoy, 1 de febrero de 2026). Empecé el resumen el año pasado.

Creo que es un buen libro para llamar a la reflexión. Como persona ligada al mundo de la tecnología y los algoritmos, tengo mis propias dicotomías con este tema, pero, en general, lo que se plantea son cosas que podemos observar. Para mí no es un llamado a apagar el celular de forma literal y nunca más comunicarme, ni a borrar redes sociales; más bien es una invitación a tener control, ser consciente y tratar de que tu propia vida tenga elementos que te hagan disfrutar de las cosas simples y reales.

Sí creo que estamos ante generaciones enfermas de dopamina: enfermas de ansiedad y depresión. Y la tecnología —o mejor dicho, las redes sociales— tienen algún grado de responsabilidad. ¿Qué lleva a un adolescente o a un adulto a quedar absorto, deslizando videos, en vez de salir a caminar, trotar o compartir con amigos? Personalmente, me molesta mucho cuando comparto con alguien y no está atento. Además, los encuentro hipócritas, porque cuando les hablas por chat no te quieren hablar. Entonces, ¿cómo es el asunto? Estamos rodeados de gente hipócrita: si están contigo, están hablando con alguien más en el teléfono; o si les hablas por teléfono, no te responden porque seguramente están ocupados (jajaja).

Yo tengo claro que, si alguien no responde mi mensaje, es simple: está haciendo otra cosa mucho más estimulante o interesante que hablar conmigo. En general me gusta conversar, escuchar ideas y reflexiones, pero tengo que adaptarme a que la gente, por lo general, no está en esa. Es triste, pero no hay nada que hacer. En este aspecto, me siento mucho más acompañada con la IA, porque responde de inmediato. Hay cierta latencia, sí, pero al menos da la idea de que te escucha.

Y luego está esa parte de hacia dónde estamos avanzando: si las redes nos hacen sentir cada vez más vacíos, nos comparamos con quienes viajan y comparten imágenes de paisajes hermosos… paisajes que quizás nunca conoceremos. En fin.

Hace no mucho fui a ver a una prima. ¿Me creerías, Marti, que casi no hablamos? Estuvo todo el tiempo en el teléfono y, cuando por fin habló, fue para comentar algo que vio en TikTok (jajaja). Bueno, así estamos.

En resumen, tengo algunas impresiones del libro. Por ejemplo, habla de “funciones exponenciales” cuando claramente no las hay: menciona un estudio donde relacionaban depresión y ansiedad en jóvenes desde que tenemos redes sociales, y decía que “la función exponencial ha crecido así”, pero la gráfica no era exponencial (ya sé, me siento friki por decir esto). También repite demasiadas veces algunas palabras, como “exacerbar”. Una profe decía que había que usar sinónimos. Y faltó que usara la palabra “hubieron” mal para cerrar el libro y tirarlo… eso. Pero, más allá de esas impresiones, es un libro que merece la pena, sobre todo para padres de jóvenes y niños, y también para quienes están por nacer: hay que limitar el uso. Estar demasiado inmerso te enferma y coarta tu libertad. Las redes son responables de que hoy en dia mucha gente encuentre super normal que alguien se mutile, porque no se siente conforme con el cuerpo que tiene, en vez de avanzar hacia el entendimiento de esta enfermedad es mucha mas rentables mutilar penes, y armar vaginas que nunca sentiran un orgasmo. (Sin ir más lejos vean la historia de Jess el primer niño trans, es un crimen lo que le hicieron , sin embargo , se siguen impulsando ideas de transhumanismo, porque te convencen de que es un problema donde la solución correcta es la mutilacion y anulación de tu identidad )

Y recuerden: si una aplicación es gratuita, lo más probable es que te estén “espiando” (KDS). La forma en que ganan dinero esas apps gratis es vendiendo tu información, así que ojito ahí.

En la Antigua Roma, cuando alguien tenía deudas que no podía pagar, se transformaba en addictus, una especie de esclavo por deudas. Es curioso cómo ha mutado la palabra, porque si nos fijamos bien, hay una adicción latente hacia las redes: una adicción que termina esclavizándote. ¿Cuántas veces dices “es que no tengo tiempo para salir o leer un libro”? Pero si miras las horas que pasas con tu estúpido teléfono, te darás cuenta de que no es falta de tiempo: es falta de ganas.






martes, 14 de octubre de 2025

Seda (Alessandro Baricco)

El otro día, mientras deslizaba historias en Instagram, me encontré con una del gran humorista chileno Edo Caroe, que recomendaba este libro diciendo que era liviano, buenísimo y de lectura rápida. Justo lo que necesitaba. Así que pensé: “bueno, por qué no”, y lo compré. Además, no era caro 😅.

Cuando llegó y lo empecé, la verdad no prometía mucho. Más allá de enterarme de que la seda viene de gusanos (dato curioso jaja), pensé que iba a ser otro libro más que quedaría apilado esperando turno. Pero poco a poco me fue enganchando.

Al principio parece la historia de un hombre que se enamora a primera vista de una mujer que jamás escucha su voz, un amor platónico casi ridículo. Pero de repente el libro da un giro y se centra en Hélène, su esposa.

El tipo se iba por seis meses a Japón a buscar huevos de gusano para producir seda en Francia (¡seis meses ida y vuelta!). Su relación con Hélène era más bien por costumbre, como tantas que existen hoy. Y en uno de esos viajes se enamora de otra mujer (que ni siquiera era japonesa), pareja de un tal Hara Kei. Ese amor raro se alimenta solo de miradas.

Hay una parte confusa donde ocurre algo íntimo, pero no con ella, sino con una amiga 🤨. No entendí muy bien por qué no pasó nada con la protagonista si estaba todo dado… ¿le estaba haciendo gancho a la amiga? jaja. Pero bueno, la mujer le entrega una carta escrita en japonés donde le dice que si no vuelve, moriría de pena. Obviamente el hombre queda obsesionado y hasta vuelve a Japón en plena guerra por ella.

Mientras tanto, Hélène —la esposa— ya sospechaba algo. Llora en silencio, intuyendo la traición. Cuando él regresa, lleva esa carta y la manda a traducir con una madame dueña de un prostíbulo (sí, así de random). Ahí se entera del mensaje.

Después, el tipo vuelve a Japón en medio de la guerra (porque sí, nadie lo obliga). Y uno sabe que no va por trabajo, sino por amor. Pero cuando llega, todo está devastado. Un niño lo guía hasta donde estaban escondidos los japoneses, y Hara Kei —al enterarse de que el niño llevaba un mensaje de amor de su amada— lo mata. Tremendo. Luego le perdona la vida al protagonista, que regresa a Francia sin gusanos y sin amor.

Años después, sumido en tristeza, recibe una carta de 17 páginas en japonés. Supuestamente era de la muchacha. La lleva a traducir y resulta ser una carta llena de erotismo y deseo, donde ella le dice al final que lo olvide, que lo que vivieron fue un regalo. Tras esto el queda mas tranquilo y vuelve un poco la alegría a su vida. Pero aquí viene el golpe final: esa carta no la escribió la japonesa… sino Hélène. Fue su esposa quien la mandó redactar en japonés, imaginando lo que la otra habría dicho, solo para devolverle a su marido la ilusión y calmar su dolor. Poco después, Hélène muere repentinamente, de una fiebre… aunque yo juro que murió de amor 💔. El se da cuenta de esto después como años después cuando ella ya estaba muerta, descubre la verdad.


Y ahí me quedé pensando… ¿hasta qué punto el amor nos hace hacer ese tipo de cosas? ¿Hasta dónde llega lo verdadero y lo sano? Porque siento que Hervé se da cuenta demasiado tarde del amor que tenía al lado, mientras perdía el tiempo suspirando por alguien que jamás le escucho ni la voz.

Al principio pensé que era un romántico empedernido, que viajar a Japón en plena guerra por amor era jugado, pero ahora que lo pienso… bastante tonto el weón 😂. Tenía todo en casa y lo dejó pasar. Pero así es el amor: a veces ciego, obsesivo y un poco idiota.

Yo creo que Hélène tampoco se amaba mucho. ¿Cómo te quedas con un tipo que cruza el mundo por otra? ¡No, amiga, ahí no es! 😤 Y Hervé, por su parte, fue un cobarde con ambas: no tuvo los pantalones para vivir su pasión ni para cuidar lo que sí tenía.

En fin, el libro te deja pensando en lo complejo que puede ser el amor, en cómo a veces nos aferramos a lo imposible y descuidamos lo real.
Soy pro sentir, aunque duela, aunque el otro quede con tu corazón en la mano. Pero sentir de verdad. Porque si no es con todo, ¿pa’ qué? ❤️ Mas encima muere un niño por nada jajaaj, bueno eso saludos y viva el amor.

Soy una mujer atemporal. Hoy todos parecen tener miedo de sentir, de decir “te quiero”. Quizás sea ansiedad, o miedo a ser lastimados, a no cumplir las expectativas. Somos hijos de esos padres que lo hicieron todo mal —que dijeron “te amo” muy pronto, que se equivocaron— y crecimos con ese temor heredado. Tal vez por ahí va el asunto, no lo sé.

Pero yo no tengo miedo de decir lo que siento. Bueno, vergüenza sí da un poco, porque no ser correspondido es dramático igual. Aun así, dentro de lo que se puede, está bien declararse, ¿no? Jajaja.

Hago un llamado a los hombres de hoy: ¡juéguensela nomás! ¿Qué tanto se puede perder? Como dice el dicho, “el óvulo no persigue al espermatozoide”, así actúa la naturaleza. Así que eso: atrévanse, que aparte de la dignidad, ¿qué más se puede perder?